Cultura

¿Por qué nos obsesionan tanto los zombies?

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La figura y representación de los zombies es una que no siempre ha existido, y su creación es más o menos reciente, pues data del siglo XX –aunque se cree que tanto la palabra zombi como el concepto y la historia provienen de ritos vudús de Haití con los que los hechiceros podían hacer que los muertos de nuevo cobraran vida y fueran controlados por éste–. Con el tiempo, se aprendió que son una representación mitológica de la esclavitud.

La película más antigua que hace referencia al término zombie es White Zombie de 1932 en la que el famosísimo Bela Lugosi es un maestro haitiano de vudú que controla a la joven protagonista. A partir de la creación de este filme, los zombies han continuado apareciendo en el cine, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría; posteriormente, hay un resurgimiento de la temática zombie a partir de 2004.

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Y es precisamente sobre el resurgimiento del zombie como un personaje de la cultura popular que el doctor en filología hispánica Jorge Fernández Gonzalo ha reflexionado en un ensayo duro titulado Filosofía Zombi. Los zombies son un espejo de nosotros mismos, uno deformado, asqueroso y supurante, pero al mismo tiempo el otro, y por eso nos fascinan: El muerto representa a la horda moderna, nos plantea a la vez cierto miedo y atracción: el zombi como ser descerebrado sirve como representación de todos nosotros.

Los zombies son también el miedo en todas sus variaciones: miedo hecho muchos y ninguno, miedo abismal, miedo constante, miedo a aceptar la realidad por lo que es. Es una representación de la sociedad podrida que nos persigue, y es una proyección de nuestros afectos y discursos, es por eso que verlos en pantalla –amén de todos los efectos de maquillaje– nos atrapa.

 

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