Cine

¿Por qué nadie habla de las zonas húmedas?

Zonas húmedas. El título en sí mismo posee una carga sugerente inmensa. Un gancho ingenioso que apela al morbo del espectador más recatado. Y en realidad, éste es un filme morboso en todos los sentidos. Si eres un freak de la limpieza y la higiene personal, es decir, te lavas tres veces las manos antes de tocar cualquier superficie o a cualquier persona, eres incapaz de ir a un baño público y si lo haces colocas varias capas de papel higiénico en la taza del WC, cargas contigo las 24 horas el gel antibacterial y te bañas por lo menos dos veces al día poniendo especial atención a tus “zonas húmedas y malolientes”, éste definitivamente no es el filme para ti. Incluso para una persona medianamente higiénica puede resultar extremadamente repulsivo y asqueante. Bajo advertencia no hay engaño. No obstante, el tercer largometraje del director, editor y guionista alemán David Wnendt no se queda en la superficialidad del morbo, lo utiliza a su favor para ahondar en temáticas más profundas como la desintegración familiar, la falta de afecto y cómo estos factores pueden destrozar la vida de un niño que se transformará en un adolescente infeliz e incomprendido.

Helen es una adolescente a la que no le importa la higiene en absoluto. Al contrario, su perfume favorito es su propio flujo vaginal, que se unta en todo el cuerpo pues está convencida de su poder para atraer a los machos. De igual forma, disfruta restregar sus partes íntimas en baños públicos repletos de porquería, patógenos y bacterias infecciosas varias, pues jamás se ha enfermado por hacerlo, y es fanática de las verduras, pero no por sus propiedades saludables y vitamínicas si no por el grado de placer que le producen cuando las utiliza para masturbarse. Está claro que Helen está trastornada, eso, o es demasiado libre y despreocupada.

Poco a poco, el realizador comienza a brindar algunas pistas del pasado de Helen y descubre al espectador los métodos educativos poco ortodoxos de su madre (la mujer le pide a su hija, de unos 7 años que se aviente de la azotea pues ella estará abajo para atraparla y cuando la niña lo hace la mujer retira sus brazos dejándola estrellarse contra el piso y mientras su hija llora en el suelo se limita a decirle “No debes confiar en nadie, ni siquiera en tus padres”), y el descuido y falta de atención de su padre quien como Helen cuenta “la lastima sin darse cuenta” (el hombre cierra la puerta del auto sin percatarse de que ha atrapado los dedos de su hija que grita desconsolada). Y es entonces cuando comprendemos, aunque sea un poco, por qué Helen es como es, ¿qué podría haber resultado de una mujer insensible y un padre desobligado?, y aunque su comportamiento nos parece asqueante —la sociedad nos ha metido en la cabeza durante siglos que los fluidos corporales son repugnantes y por lo tanto deben marginarse, inhibirse o bien eliminarse definitivamente pues no son parte del canon de belleza—, por otra parte envidiamos su libertad, su desparpajo ante la vida y es justamente esto lo que hace que el personaje, a pesar de ser repugnante, nos parezca entrañable. Finalmente es una víctima que sólo busca llamar la atención y recibir un poco de afecto, algo que le ha sido negado durante toda su existencia.

Gracias a un accidente mientras se depilaba el trasero (no por su propia iniciativa claro está, ella ama los pelos, sino por pedido expreso de un posible amante), Helen va a parar al hospital, el único lugar donde se siente importante y cuidada. Es tal su necesidad de atención que aunque le dan el alta no quiere salir de allí y será capaz de cualquier cosa con tal de permanecer en el hospital, donde además está a cargo de un enfermero joven y guapo al que le coquetea a la menor provocación.

A través de una trama que juega con las estructuras temporales, una estética que privilegia los primeros planos que ayudan a generar una conexión más cercana con los personajes, y una edición que utiliza varios efectos, desde la pantalla dividida, la imagen congelada o secuencias de fotografías, y actuaciones sólidas, Wnendt logra un filme con la dosis equilibrada de repulsión, drama y comedia. Un filme joven sobre la juventud, que relata lo complicado que es crecer en una familia disfuncional como tantas, ser producto de un divorcio, con amigos igual de desequilibrados, en un mundo en el que las drogas están a la vuelta de la esquina y el sexo casual es cosa de todos los días.

Zonas húmedas (Feuchtgebiete, 2013), basado en la novela homónima de culto de Charlotte Roche, ha participado en una decena de festivales tanto alemanes como internacionales y ahora llega a México como parte de la 13ava Semana de Cine Alemán que se exhibe actualmente en diversas sedes de la ciudad.

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