Cultura

Poemas de MÓNICA GAMEROS

 

Me gusta cuando rompes tu silencio justo desde mi centro,
como un rayo que parte la ceiba, mi abismo libera energía,
atraviesa tu cuerpo, tu pecho, tu garganta
y sale a bordo de tu grito.

**
Ansío comer flores,
atragantarme con flores,
eructar flores,
y no detenerme
hasta que las estrellas sean tus ojos.
¿Recuerdas cuando comíamos besos y era suficiente?
Qué días los de la fuga,
los amaneceres llenos de sueños,
las noches llenas de fantasía.
La utopía era nuestro idioma,
la rebelión nuestra bandera, y ellos
con la lengua sedada, siempre decían espera,
espera, pero no había paciencia…

***

A veces sueño que soy Mallory Knox,
sueño que vienes a buscarme,
que me sonríes,
que levantas tu cerveza y me dices que soy bonita,
que acaricias mi mejilla, esperas mis besos
y lo que encuentras
es mi hartazgo.

A veces sueño que canto bajo tu ventana
mientras enciendo la mecha,
que canto BORN BAD
mientras amarro el auto
y me estrello contra tu casa.

A veces sueño que no contesto el teléfono,
que no voy a la cita, que no te invito a mi casa,
que no te abro las piernas,
que no te creo nada.

A veces sueño que soy Mallory Knox
con hacha en mano y una hermosa danza…

****

SOY | MONICA GAMEROS

Soy el fragmento de un espejo
que se negó a callar

Cuando adolescente,
era una ninfa en un manantial,
hoy soy poderosa.

Soy la tinta que aprovecha el vacío.

Tengo una golondrina en el pecho,
emigra cuando llega el frío,
se queda cuando hay calor,
cuando los besos son destellos,
cuando la risa teje al viento, entonces
le gusta flotar sobre el mundo entero.

Todo lo que soy es un segundo en la orilla de la eternidad.

Piedra caliza mi pecho,
mi voz
un cuervo negro,
revolotea en círculos,
sin descanso, obsesivo,entonces
infinita, emigro.

Sólo soy polvo de la tierra indómita
y así quiero permanecer.

Soy sombra,
me guardo en los rincones de tu casa,
en las esquinas de tu sala,
en las hojas de tu libro.

Soy sombra de un eco,
te hablo de amor mientras mi cuerpo
se entretiene e imagina
que esas manos son las tuyas,
que esos besos son los de tu boca,
que esas noches son contigo.

Soy sombra y floto entre tú,
tus manos
y el cuerpo de ellas,
los besos de ellas,
las miradas de ellas.

Soy sombra y te acompaño a media luz.

No abras las ventanas, no enciendas la luz,
no ilumines los rincones de tus brazos.

Hay quienes siguen la senda,
habemos quienes montamos el viento.

Soy una daga,
me deslizo de entre tus manos,
corto la orilla de tu mirada y vivo perdida
en la palabra que te doy por nombre,
en el eco de tu nombre,
en el hueco donde guardo tu nombre.

 

Yo soy una enorme, redonda y jugosa manzana,
las medias naranjas búscalas en las ofertas de remate.

Soy la mujer que respira y exhala estrellas,
la Valkiria que grita y se envuelve entre ecos nebulosos,
la sirena que gime y crea nuevas galaxias.

Soy la mortal que convierte el concreto en verdes recuerdos,
soy la de los dedos que recorrían el mundo,
soy la montaña de manos que pintan canciones para tu voz quebrada.

Sí soy esa, la de la vida licenciosa,
la del silencio, la del eco, la del sarcasmo,
bebo mientras planeo la caída en picada,
directo a ti.

Soy suspiro y arena, fragmento del tiempo
guardado entre recuerdos.

Soy la mujer perfecta hasta que tocas mi piel
y te das cuenta de que soy real,
hasta que escuchas mi voz contando los días
y escuchas que describo cada arista del tiempo,
hasta que ves mi corazón punzante
y sientes el látigo de mi mente dispersa
-siempre en contraste
con la silenciosa sombra
de la mujer callada-

Soy la mujer perfecta entre sabanas
hasta que ves en mi vientre un cerrojo sin combinación,
soy perfecta frente al espejo,
imperfecta frente a tus ojos,
al final no importa nada,
ni tú, ni la sombra de la mujer muda,
no importa nada, sólo importa

ser real.

Ser vacío y distancia, nube, promesa.

Caminar con los ojos clavados en el cielo,
con los dedos rozando el abismo,
con los labios pronunciando tu nombre,
así, sin pensar en la caída,
sin temer al vacío,
hasta que al paso,
comiences a volar conmigo

Jade y obsidiana, maíz y viento,
soy un ligero resplandor del pasado

Yo siempre he querido tener el color del café,
mi piel color de la tierra, mi beso una nube del valle del silencio,
y siempre he tenido que conformarme en ser esto que soy,
este montón de huesos, esta forma depredadora de entender la vida,
esta mancha blanca, esta mirada negra de colonizador,
implacable…

Yo siempre quise tener el cabello del color del jade negro,
los ojos de obsidiana, la sangre de maíz, y en vez de ello
he tenido que representar el personaje que se me enseñó,
he tenido que jugar a fingir que soy, a mentir que soy,
a decir que soy lo que se espera de mí, y al final de la noche,
me despojo de la máscara, me desprendo del disfraz, abandono el papel
y soy yo, un montón de huesos bajo una mancha blanca, de oscura mirada,
de cabello de roble, de voz suspiro, de silencio en eco.

 

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