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MÚSICA PARA LLAMAR A LOS FANTASMAS

Nunca se quedan las cosas en donde uno las deja. Pareciera que hay fantasmas todo el tiempo moviendo de lugar lo que uno va dejando acomodado, tal vez sin organización, pero sí como uno mejor va pudiendo. Es decir, el hecho de que mi escritorio parezca un bote de basura, no significa para nada que lo sea. Se que hay servilletas y todo tipo de pedazos de papel encima, sé de las botellas vacías y demás objetos dejados aparentemente sin el menor cuidado. Pero casi todas ellas tienen su razón de estar. En algunas de esas servilletas están mis apuntes y sobre el escritorio están las cosas que voy recogiendo por significarme algo. Tengo mala memoria, así que también  necesito de objetos que me recuerden lo que ha sucedido. Entonces, todas esas cosas regadas y toda esa basura constituyen algo así como mi diario. Lo mismo dentro de mi computadora. Archivos que no pesan nada porque nada dicen, porque tal vez ese día yo no había podido lograr  hilar ni una sola idea. Pero ahí está el dato, que puede llegar a ser útil, por ejemplo, cuando me parezca importante preguntarme por qué ese día me encontraba tan apático. Para eso deja uno ahí las cosas, como las piedras amontonadas que usan los escaladores para recordar el camino de bajada.

Pero ahí está la trampa. Entran los fantasmas en escena, simultáneos a la acción de dejar algo acomodado. Y ya no se si son buenos o son malos porque a veces toman las cosas y los recuerdos y los dejan todos revueltos. Entonces uno intenta desesperadamente volver a su orden, volver a entender por qué me dejé tales pistas. ¿Por qué guardé este archivo que nada dice, fechado el 25 de agosto de 2013?  Pero la mayoría de las veces es inútil. Uno ya no es el mismo y las cosas ya no están como se dejaron. El mundo es nuevo.

He odiado que suceda. Que los fantasmas hayan llegado y hayan montado todos mis recuerdos y percepciones en un camión de basura. Me ha dolido cada vez que se han infiltrado en mi computadora para llevarse todas mis fotos y música para dejarme únicamente la pantalla azul. Pero también han llegado fantasmas a removerme la vida de formas positivas, que con su baile han dejado al descubierto servilletas con apuntes o memorias que ya se habían traspapelado. Y es cuestión de estar con los ojos y oídos bien abiertos para descifrar las pistas. Uno recuerda, pero ya desde un punto de vista distinto, uno que el tiempo y otros fantasmas han guiado.

Uno nunca lee el mismo libro dos veces, tampoco se llega a los recuerdos por el mismo camino, el escalador no baja nunca por el mismo sendero, una canción nunca se percibe de la misma manera. Estoy seguro que hay fantasmas revolviéndolo todo. Entré a una pagina de internet por consejo de un amigo: http://www.reverbnation.com/sonidofulgor y pude verlos en acción.

El día estaba claro y yo me encontré escuchando una música que aparecía y desaparecía, que se iba construyendo de una manera parecida a como uno reconstruye los sueños, en fragmentos. El Sonido Fulgor se crea a partir de la distancia. Los dos músicos que lo conforman viven en diferentes ciudades y eso es algo que se puede percibir. Eduardo Medina vive en la Cuidad de México y Emilio Toledo en Morelia. Cada uno participa desde su espacio y realidad, influidos por entornos y estímulos distintos, dotando a la música de un ambiente onírico muy particular.

Su música me llevó a darme cuenta, como si estuviera viendo una película, de mi situación, que yo no me había dado cuenta, pero de la cual yo no estaba muy consciente en realidad. Me encontré frente a un escritorio que no era el mío. Era más bien una mesa de jardín. La identifiqué, pero igual la sentía ajena. No era mi escritorio. Pero el día seguía siendo bueno. Como la música del Sonido Fulgor, estaba apenas reconstruyendo mi realidad, con las nuevas pistas que los fantasmas, ayudados por la música, iban removiendo.

Ya no estoy frente a mi escritorio lleno de cosas que los fantasmas hicieron incomprensibles, sólo. Estoy escribiendo y tomando café sobre una mesa de jardín, con mi perra tomando el sol a unos metros de distancia. Mi bebé, que ha nacido el 26 de agosto se encuentra durmiendo al fin, después de una muy mala noche para ella y mi mujer. Hoy es un muy buen día y puedo verlo, la música del Sonido Fulgor me ha ayudado. Ante las pistas que me arrojan, puedo ver desde aquí, ahora que ha terminado el disco y yo sigo complacido, que todo ha salido bien, a partir del 25 de agosto del 2013, fecha en la que perdí la memoria. Ahora lo veo, fue la noche en que comenzó el trabajo de parto de mi chica y que yo dejé la computadora encendida sobre el escritorio al salir al hospital. Hoy, con la música ya no estoy nublado. Por eso no me decido en cuanto a las intenciones de los fantasmas, ahora que he recordado y me he dado cuenta de que todo ha estado bien y que hoy también es un muy buen día.

Por Alejandro Gracia Lizarraga

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