Música

María Callas, la tragedia de la soprano assoluta

María Callas, la tragedia de la soprano assoluta

Ana María Cecila Sofía Kaloyerópulos nació en Estados Unidos en 1923, hija de dos inmigrantes griegos: Evangelia Dimitriadies y George Kaloyerópulos. Su padre farmacéutico, como tantos otros inmigrantes de aquella época, cambiaría su apellido para encajar mejor en la nueva sociedad americana a la que se integraba, y adoptó Callas.

María Callas pronto mostraría un talento vocal innato, por lo que su madre decidiría alejarla del entorno en el que había nacido y crecido para llevarla antes de los 16 años a Grecia y hacerla tomar clases de canto. María se veía constantemente presionada por su madre que solicitaba de sus profesores información de sus avances y comparaba continuamente con su hermana, calificándola de gorda y poco agraciada, haciéndole saber que su único verdadero valor era su voz. Muchos años después, María misma confesaría que su madre la había apoyado al inicio de su carrera solamente con la esperanza de un posterior sustento económico, y que nunca se había sentido querida por ella.

Callas debutó como cantante en el Teatro Lírico Nacional de Atenas en 1942, pero pronto estalló la Segunda Guerra Mundial en Europa, por lo que decidió volver a Estados Unidos y encontrarse con su padre en 1944 para comenzar de nuevo desde cero. No logró mayor éxito hasta que fue escuchada por Edward Johnson, director general de la Metropolitan Opera House de Nueva York, quien reconocería inmediatamente el talento de Callas y le ofrecería un par de papeles principales en sus siguientes producciones.

María Callas como Violetta en La Traviata, 1958

María Callas como Violetta en La Traviata, 1958

A partir de ese momento, María Callas se convertiría en un fenómeno de la ópera y el bel canto. Su extraordinario talento vocal y actoral le ganarían el sobrenombre de La Divina, así como el mote de soprano assoluta gracias a su amplio registro y dominio de la técnica que le permitió cantar roles de amplios rangos. También se le recuerda por rescatar del olvido un gran número de personajes de ópera que no se presentaban con regularidad.

Cantó el 23 de mayo de 1950 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, y continuaría una carrera ascendente hasta el momento en el que conoció al magnate naviero Aristóteles Onassis, también griego, y con quien tuviera un romance ampliamente cubierto por la prensa rosa. María Callas estaba casada con Giovanni Battista Meneghini, al que abandonó en 1959 para poder estar con Onassis, pero el millonario la mantendría a la deriva durante años –inclusive renunció a su ciudadanía estadounidense en 1966 para que su matrimonio con Meneghini se anulara técnicamente–, y finalmente la abandonó abruptamente en 1968 para casarse con Jacqueline Kennedy, viuda de John F. Kennedy.

A partir de entonces, entraría en una depresión que le haría perder la voz, y la llevaría a intentar suicidarse en 1970 por medio de una sobredosis de barbitúricos. Ya en franco declive, gestionó una gira del adiós en 1973; de su proverbial voz quedaba casi nada. La gira terminó en 1974 y sería la última ocasión en que Callas pisaría los escenarios. A partir de entonces, se recluyó en su departamento de París. Su vida como su voz, se fueron apagando poco a poco, y fallecería de un infarto fulminante el 16 de septiembre de 1977.

Pero su legado musical permanece vivo, y aún en nuestros días se le considera como la más eminente cantante de ópera del siglo XX.

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