Música

Emika: el espíritu en la máquina

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En su deseo por transmitir distanciamiento emocional, las composiciones de Emika usan beats a modo de pétalos que conocen la criogenia. Como si un ser de otro mundo evocara su pasado —una rosa a Major Tom dondequiera que se encuentre–, Ema Jolly ha conseguido una librería de sonidos asombrosos con apenas 4 álbumes en sus casilleros: un primer disco homónimo (2011), Dva (2013), Klavírní (2015) y Drei (2015). Los trabajos varían en intensidad y abstracción, pero nunca en la búsqueda de nuevos caminos dentro de la Matrix electrónica. El fervor a las máquinas crece hasta convertirse en un imponente monolito de acústica mineral. Emika se desdobla, se filtra entre túneles de fibra óptica, pantallas LCD y ocasos trémulos. Materiales dignos de naves nodrizas que Philip K. Dick adoraría.

Formada en estudios de piano clásico y composición, la diva inglesa fusiona sus orígenes con cadenas moleculares de dubstep, technopop y flirteos jazzísticos. Uno de sus crossovers más notorio lo consigue en el Concertgebouw Brugge con The Brandt Brauer Frick Ensemble al versionar Pretend, sencillo de su primer disco.

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Al fondo de Klavírní, subyace una admiración muy especial por Leoš Janáček, compositor checo que le ha legado el gusto por los episodios breves de texturas nostálgicas. Su discurso visual despeja cualquier duda: Fashbacks y My Heart Bleeds Melody proyectan un horizonte afectivo distante y minimalista. Una jauría de sentimientos congelados nos miran salvajemente antes de dar clic a todas las canciones, extraviarnos en loops neón y emprender un descenso a nuestra Antártida privada.

Créditos finales. Emika ha crecido profesionalmente desde su arribo a Berlín, ciudad donde publicó sus primeras 2 placas bajo el sello Ninja Tune. En 2014, emprendió su propia aventura al fundar Emika Records, que inauguró con el EP Melancholia Euphoria (términos que resumen su obra perfectamente). Iconoclasta y distante, su cover a Let’s Dance la vincula con los espíritus cósmicos. De momento, la máquina sigue encendida.

Iconoclasta y distante, su cover a Let’s Dance la vincula con los espíritus cósmicos. De momento, la máquina sigue encendida.

 

CONEJOBELGA

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