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MILICIAS SE VUELVEN CONTRA GOBIERNO MEXICANO QUE LAS LEGALIZÓ

Apatzingán, México | AFP | Decidido a aniquilar al sanguinario cártel Los Caballeros Templarios, el gobierno de México apostó por la legalización de las milicias que se alzaron contra estos narcotraficantes en Michoacán, una estrategia que si bien alcanzó ciertas metas, ahora se torna como un búmerang contra el Estado.

“La gente tiene dolor, tiene odio” contra el gobierno y sus fuerzas federales, dijo a la AFP un exmiliciano reclutado en las legales fuerzas rurales de Buenavista, un municipio sumido entre las espesas montañas de la Sierra Madre, en plena Tierra Caliente.

Apostado con su pistola a la cintura en la polvorienta comunidad de Pinzándaro, el agente rural se quejó de lo que dice fue “una masacre” contra sus colegas del vecino Apatzingán por parte de soldados y policías federales, y aseguró que sus tropas quedaron “hambrientas de justicia”.

El 6 de enero, fuerzas del gobierno hicieron un violento operativo que dejó oficialmente nueve muertos y 44 detenidos en Apatzingán, punto neurálgico de la economía de Tierra Caliente y por años el bastión de Los Caballeros Templarios.

Los federales buscaban desalojar de la alcaldía a decenas de expolicías rurales, quienes la ocuparon en protesta por su reciente desintegración y una supuesta falta de pago de salarios.

Las autoridades aseguran que hubo fuego cruzado, incluso hicieron públicos videos en los que exmilicianos -conocidos como autodefensas- aparecen desafiando a policías federales.

Pero los autodefensas dicen que sus únicas armas eran palos y piedras. “El gobierno los arma y luego los desarmó (en diciembre pasado) para mandarlos matar”, dice desgañitándose la madre de Luis Alberto Lara, un exguardia rural de 20 años que murió en la trifulca.

Por su parte, un policía federal que participó del desalojo aseguró que los ahora desintegrados policías rurales de Apatzingán están controlados por Los Viagra, un grupo criminal de Pinzándaro que busca usurpar el bastión que había sido de los Caballeros Templarios.

“Yo creo que (el gobierno) tuvo que aliarse con todo tipo de gente para tirar a los Templarios. El problema es que no todos los enemigos de ese cártel son necesariamente amigos de la ley”, explicó el uniformado, mientras custodiaba a peritos de la fiscalía general que escudriñaban el lugar donde ocurrió la balacera.

 

– Se viene una “guerra civil” –

 

El viernes, cientos de pobladores salieron a las calles de Apatzingán con veladoras blancas y ataúdes vacíos sobre sus hombros para exigir la retirada de las fuerzas federales, a quienes acusan de haber asesinado a 17 personas en el desalojo de la alcaldía.

“¡También hubo detenciones arbitrarias! A mi esposo lo arrestaron mientras compraba juguetes y él ni apoyaba a los rurales”, dijo a la AFP una de las manifestantes.

Al día siguiente de la marcha, los retenes militares que flanquean Apatzingán fueron reforzados.

“Por aquí no va a entrar ni salir ningún malo”, dijo un mando castrense, mientras sus hombres realizaban un aparatoso entrenamiento con vehículos antidisturbios.

Pero estas medidas no contendrán la “guerra civil” que se avecina, con cárteles peleándose por sustituir al Estado y milicianos amedrentando a las autoridades por sus “abusos”, dijo un productor de limón que se alineó con los autodefensa y que presenció el desalojo en Apatzingán.

Tierra Caliente se convirtió en un polvorín en febrero de 2013, cuando los civiles se levantaron para defender sus pueblos de los Templarios, que infiltraron instituciones y perpetraron con impunidad extorsiones, secuestros y asesinatos.

 

– “Nos sentimos usados” –

 

El gobierno federal decidió en mayo pasado enrolar a milicianos en las fuerzas rurales para matar dos pájaros de un tiro: terminar con la ilegalidad del movimiento y utilizar su conocimiento para dar con los Templarios en la agreste región.

Hombro con hombro, milicianos y fuerzas federales arrestaron o abatieron a los principales líderes del cártel, exceptuando al capo Servando Gómez alias ‘La Tuta’.

Pese a estas metas alcanzadas, fueron surgiendo voces que señalaban que algunas fuerzas rurales contaban con criminales entre sus efectivos.

El movimiento se fracturó a tal grado que el 16 de diciembre, el fundador de las autodefensas -Hipólito Mora- y sus simpatizantes se enfrentaron a balazos con otro iniciador del movimiento conocido como ‘El Americano’, en un choque que dejó 11 muertos. Los líderes fueron encarcelados junto a 35 de sus seguidores.

Días después, el comisionado federal en Michoacán, Alfredo Castillo, anunció el inminente fin de las fuerzas rurales, empezando por Apatzigán, La Ruana, La Mira.

“Nos sentimos usados porque (Castillo) ahora nos trata como delincuentes”, dijo el comandante de Buenavista.

En tanto, entre tristes rezos por los muertos y narcocorridos que suenan a todo volumen desde camionetas de superlujo, la tensión se respira en Apatzingán.

 

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