Cultura

Memorias del balón

Cada Mundial tiene una magia especial y diferente. La afición es parte importante, ya que hace que la atmósfera de cada partido se vuelque hacia la alegría, la tristeza o la decepción. El ánimo colectivo depende del andar de un balón y hay jugadores que escriben su nombre con letras de oro en el libro de la historia del futbol mundial; otros más serán recordados como villanos por siempre.

 Desde la memoria presentamos tres historias tan entrañables como desgarradoras, testimonio claro de la pasión que desata una esférica.

 EL ABRAZO DEL ALMA

Víctor Dell’ Aquila era un aficionado argentino que a los 12 años perdió sus brazos después de electrocutarse. Años después, el 25 de junio de 1978, en el estadio monumental de Argentina, vio ganar a su país la final contra la Naranja Mecánica de Johan Cruyff. Fue tal su emoción, que burló la seguridad y corrió hasta la cancha donde se encontraban sus héroes, Ubaldo Fillol y Alberto Tarantini, para abrazarlos. El resultado de tan apasionada reacción: una portada del periódico El Gráfico con el título “El abrazo del alma“.

EL ASESINATO DE ESCOBAR

No todas las historias son conmovedoras. El asesinato del futbolista colombiano Andrés Escobar, culpado por algunos aficionados por la eliminación de la selección de su país durante el Mundial de 1994, es recordado como una tragedia absurda por sus compatriotas.

Todo empezó cuando en un partido del grupo A, Colombia se enfrentó a Estados Unidos. Un autogol de Andrés Escobar provocó la eliminación del equipo colombiano. El 2 de julio del mismo año, días después de la derrota, Escobar se dirigió a El indio, un bar en Medellín. Unos hombres lo reconocieron y Andrés decidió retirarse del lugar. Fuera del bar, un hombre identificado como Humberto Muñoz le disparó seis veces. Junto a Muñoz estaban los hermanos Gallón, presuntos jefes del asesino, y que al parecer tenían vínculos con el narcotráfico. Los Gallón, además, habrían apostado una gran cantidad de dinero a favor de Colombia.

LA MAFIA, LA CORRUPCIÓN Y LA HISTORIA SE REPITE

Los últimos dos campeonatos mundiales de la selección italiana se vieron envueltos en escándalos relacionados con la corrupción en su liga. En 1980, el futbol italiano destapó una cloaca: la policía italiana descubrió una trama de apuestas clandestinas en la cual estaban inmersos varios jugadores y entrenadores. El Milán y el Lazio fueron descendidos a segunda división. En este caso conocido como Tottonero —o quiniela negra— se condenó a más de una decena de jugadores y en esa lista se encontraba Paolo Rossi, jugador del Perugia, que fue suspendido por dos años de la liga.

            Sin embargo, para el Mundial de España 1982, al seleccionador italiano Enzo Bearzot no le importó su inactividad y al poco tiempo de cumplir su sanción, y pese a las críticas de algunos aficionados por su baja condición física, Rossi se convirtió en el máximo goleador. Seis goles durante la Copa del Mundo: dos ante Polonia, tres que eliminaron a la maravillosa generación de Brasil de Sócrates, Zico y Falcao, y un tanto más en la final contra Alemania, fueron razones suficientes para que ese mismo año se convirtiera en Balón de oro.

24 años después se repite la historia, esta vez con el infame Calciopoli. En esta ocasión, además de jugadores y entrenadores, hay árbitros y directivos inmiscuidos. Equipos como la Juventus, la Fiorentina, y de nueva cuenta el Milán, fueron acusados en su país por actos de corrupción. Este contexto —similar al de España 82— se repite en Alemania 2006, pero no fue impedimento para que la selección italiana se levantara nuevamente con la copa y que Fabio Cannavaro, defensor de aquella selección, obtuviera el Balón de oro.

Últimas noticias