Cultura

Los derechos de autor en el ámbito del mercado del arte

Esta quincena doy inicio a una serie de columnas donde abordaré el tema de los derechos de autor en el ámbito del mercado del arte. Un tema que aportará información de interés para los creadores artísticos, para todo aquel que participa en este amplio y complejo sistema de mercado y coleccionismo de objetos de arte. No menos importante para el lector cotidiano por los sucesos y anécdotas que han rodeado a los involucrados en este sistema de mercado.

Los derechos de autor se desprenden de los derechos de creación que a su vez forman parte de la propiedad intelectual, la cual está integrada por las producciones de obras científicas, artísticas, tecnológicas y humanísticas, que sean originales. Esto es indepen­diente del valor estético y méritos que puedan tener el artista y su obra. Un requisito, no menos importante, es que estas creaciones puedan ser divulgadas o reproducidas por cual­quier medio o soporte.

“La historia de los derechos de autor y de la propiedad intelectual retratan con fidelidad la evolución de la creatividad humana, no desde su estética o su idea fi­losófica, sino desde el ámbito de la cultura en sociedad, de la vida comunitaria del intelectual, del escritor, del artista; en fin, del creador, como miembro trabajador de su sociedad. Los derechos de autor son la visión social y comunitaria de la vida cultural de un pueblo.” (Serrano; 2008: 2)

Cuando se aborda el tema de los derechos de autor en el ámbito del mercado del arte, se debe enfatizar que los derechos de autor no son ni normas mercantiles ni, aunque parezca raro, económicas; éstas, tienen como función regular el tráfico de bienes y servicios culturales. Es un reconocimiento que hace el Estado a toda persona física que sea un creador artístico, por lo que otorga su protección para que éste tenga una serie de prerrogativas y privilegios de carácter personal y patrimonial.

En cuanto a los conflictos, derivados de la venta y/o encargo de obras, entre artistas con clientes, intermediarios y coleccionistas; destaca la celebración del contrato, el 19 de enero de 1501, entre Isabella d’Este y Pietro Vanucci conocido como Peru­gino, un pintor del Quattrocento italiano. El problema con esta dama era que imponía condiciones que afectaban el derecho moral de los artistas. Algunas de estas imposiciones eran la temática, muy común en esa época, los personajes y el orden en que debían aparecer en los lienzos, así como el manejo de la luz en el espacio.

Como ejemplo, se cita un fragmento de la parte final de dicho instrumento legal donde se le indicaba al artista:

“Teneis la libertad de omitir personajes, pero no de añadir nada propio” (Wittkower, Citado por Furió; 2000: 194)

Con estas acciones limitaba la labor creativa del artista y se sometía a los caprichos e intereses de la patrona y coleccionista.

Santiago Ortega Hernández

Fuentes de Información

Furió V. (2000). Sociología del arte. Madrid: Cátedra.

Serrano Migallón, F. (2008). Marco Jurídico del Derecho de Autor en México. México: Editorial Porrúa México y Facultad de Derecho, UNAM.

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