Cultura

Los derechos de autor en el ámbito del mercado del arte II

Giambattista Tiépolo y El Banquete de Cleopatra

La tarea del artista visual a lo largo de la historia del arte nunca ha sido fácil. Por una parte ha tenido que enfrentarse al arduo proceso creativo, al dominio de las diferentes técnicas de su disciplina y a conformar un lenguaje personal que le permita trascender como creador. Por otra parte, tiene que lidiar en muchas ocasiones con los intereses del intermediario y los vaivenes del mercado.

“…Usted sabe, los dealers son tan temperamentales como los artistas” (Spero, Citada por Grant; 1998: XVII)

Es cuando se pone en entredicho “la libertad del artista” y el respeto a los derechos morales. El derecho moral merece especial atención por parte de los creadores; su concepto y las prerrogativas que los artistas visuales tienen en relación a este derecho quedan plasmados de la siguiente manera:

“TITULO II. Del Derecho de Autor.

Capítulo II. De Los Derechos Morales

…Artículo 18. El autor es el único, primigenio y perpetuo titular de los derechos morales sobre las obras de su creación.

Artículo 19. El derecho moral se considera unido al autor y es inalienable, imprescriptible, irrenunciable e inembargable…”

(Ley Federal del Derecho de Autor; 2003: 6)

Lo antes citado significa que cuando un artista crea una obra, ésta será suya por la eternidad. ¡Un Van Gogh siempre será un Van Gogh!

La flagrante violación al derecho moral del artista ha sido una constante en la historia del arte y se tienen episodios lamentables en el terreno del mercado del arte. Uno de ellos lo protagonizó Francesco Algarotti, uno de los más importantes patronos venecianos del siglo XVIII, quien en su afán de complacer al rey Augusto de Sajonia, encargó a Giambattista Tiépolo la pintura El Banquete de Cleopatra. El acuerdo se dio a partir de un proyecto a escala que elaboró el artista; cuando la obra se terminó se pudieron apreciar ligeros cambios entre dicho modelo y la obra de gran formato. Haskell (1963) afirma que dichas modificaciones se debieron a las presiones del patrono en su afán de complacer los gustos de monarca. El carácter final de la escena es más clásico, lo cual se refleja en detalles de la arquitectura y en la postura de los personajes. ¿Se afectó o no el derecho moral de Tiépolo? Es evidente que sí, pues inicialmente se aprobó el proyecto a escala y, teniendo la obra terminada, es obligado a modificarla.

Desafortunadamente, en ese tiempo, el dominio de los patronos y mecenas era apabullante, a tal grado que el artista no tenía posibilidades de negarse a ciertos caprichos de estos personajes.

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Fuentes de información

Crawford, Tad y Susan Mellon. (1998). The artist-gallery partnership. A practical guide to consigning art. Nueva York: Allworth Press. Introducción Daniel Grant.

Haskell, F. (1984). Patronos y pintores. Arte y sociedad en la Italia Barroca. Madrid: Cátedra.

Ley Federal del Derecho de Autor. (2003). México. Recuperado de: http://www.edicion.unam.mx/pdf/LFDAUTOR.pdf

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