Cultura

LONDRES ENCUENTRA RETRATOS DE MANET Y SUS ESCENAS DE LA VIDA MODERNA

A través de retratos de figuras emblemáticas de su época, la Royal Academy de Londres examina en profundidad a partir del sábado un género fundamental en la obra de Edouard Manet que ayudó a establecerlo como el “padre” del arte moderno.

“Manet: Portraying Life” (Retratar la Vida), la mayor muestra del pintor francés jamás organizada en el Reino Unido, trata de explicar al mismo tiempo la relación entre sus retratos y sus escenas de la vida moderna, en la que los mismos modelos de sus cuadros aparecen a menudo como simples “actores”.

Hijo de un alto funcionario del ministerio de Justicia, Manet (1832-1883) nunca necesitó vivir de su arte, lo que le dio libertad para decidir a quién retrataba y romper las convenciones de la época, como ilustran el más de medio centenar de óleos y pasteles prestados por colecciones públicas y privadas de todo el mundo que podrán verse en esta capital hasta el 14 de abril.

“Manet estaba interesado en pintar escenas de la vida contemporánea que fueran absolutamente auténticas, y lo hizo utilizando a sus amigos y familiares como modelos para estas escenas”, explicó la comisaria de la exposición, MaryAnne Stevens. “Por tanto, una persona podía actuar como modelo en un retrato y como actor en una escena de la vida contemporánea”.

Desde el principio de su corta carrera, interrumpida por una muerte prematura a los 51 años, utilizó como modelos a sus familiares más cercanos.

Su esposa, Suzanne Leenhoff, que tiene una presencia constante en su obra, aparece sola en varios retratos, como el impresionista “Mujer con un gato” (1880). Lo mismo ocurre con el hijo ilegítimo de ésta, Leon, a quien Manet incluyó en 17 de sus obras, entre ellas la enigmático “Almuerzo en el estudio” (1868) donde ocupa un papel central.

El propio artista también se pintó dos veces solo, una de ellas en el “Autorretrato con gorro” (1878), incluido en la muestra, aunque aparece a menudo en sus obras con un papel secundario.

La familia Manet al completo puede verse en el temprano “Fishing” (1862), una escena campestre claramente para la que tomó prestados elementos de Rubens.

Porque Manet se alimentó de los Grandes Maestros, pintores flamencos y españoles del siglo XVII, en particular Diego Velázquez, así como renacentistas italianos, a quienes utilizaba como un “trampolín” en su proceso creativo.

“Manet utilizaba la tradición para crear un lenguaje totalmente nuevo”, explicó Stevens, quien creó esta exposición con Larry Nichols, del Toledo Museum of Art de Estados Unidos, donde ya se presentó.

La exposición, dividida por temas, incluye otras secciones dedicadas a los retratos que hizo de su círculo cultural, dominado por literatos como Charles Baudelaire o Emile Zola, a quien pinta como agradecimiento por un panfleto en el que lo defiende ante sus críticos.

Pero también hay otros artistas, como Claude Monet, músicos, actores e incluso políticos.

La última parte está dedicada a sus modelos, con mención especial para la bella Victorine Meurent, pintada desnuda en el entonces polémico “Almuerzo sobre la hierba” (1863), del que la exposición sólo ha podido hacerse con la versión más pequeña propiedad de la Courtauld Gallery británica, o vestida en el ensayo sobre la modernidad “El ferrocarril” (1873), dos de las joyas de la muestra.

Si en el anterior no hay tren, tampoco hay ningún elemento musical en el retrato coral de todos los allegados de Manet “Música en las Tullerías”, omisiones que contribuyen a la perplejidad de una crítica que lo vituperaba.

“Manet desconcertaba a la crítica por la inconsistencia de su estilo. Cada cuadro que pintaba, era diferente”, explicó MaryAnne Stevens. “Había también una ambigüedad constante con la que los críticos tenían que luchar”, sin contar los cuadros que pintaba con “múltiples puntos de vista”, agregó.

“De alguna manera”, concluyó, “rompía con el orden establecido para crear el arte que el creía que era el arte del presente y el futuro”.

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