Cultura

Libertad al final (texto)

 

Estaba determinado a lograrlo, encumbrar el verdadero significado de la palabra: Libertad.
Independencia absoluta. La máxima redención del alma humana. Nunca pude ser completamente libre, hasta ese momento; que ahora veo era el único posible. En medio de una multitud, me perdí. Parecía que ya no estaba más en este mundo; mi mente volaba y veía cosas nunca vistas por nadie, colores sin nombre, sonidos indescriptibles. ”La libertad total solo se adquiere a través de la máxima abstracción espiritual”, una frase que había maquinado en mi siempre inquieta mente. Nunca pensé encontrar la respuesta tan pronto, y de la nada, lo había conseguido. Estaba  ahí, solo, ya que solo es como se puede alcanzar este estado. Por primera vez, no necesitaba a nadie, ni nada. Podía tocar el cielo con las puntas de mis dedos y viajar a la velocidad de la luz. No había amarres ni ataduras. No había límites a mi capacidad. No quedaba nada. No más odio, ni amor, ni miedo; ninguna emoción que me atara a mi ser concreto. Jamás estamos exentos de ese tipo de esclavitud, de pasiones y deseos. Excepto aquí, donde sólo había que dejarse ir, tomar las riendas de la imaginación y dirigirse en la dirección deseada. Un prisionero, nunca más. Destellos son los que había experimentado antes. Ensayos, pequeños momentos en los que se te deja probar esa sensación ínfima de autonomía. El dolor más puro e intenso, la alegría más sencilla y desbordante, los sueños más descabellados e inimaginables, son solo porciones que se nos conceden de ese último estado, en el que finalmente encontramos la respuesta. No quería dejar de avanzar y no podía dejar de hacerlo. Un instante atrás, la existencia material y de pronto, nada. ¿Lo habría conseguido? ¿llegar al lugar remoto? ¿al paraje inalcanzable? Sí, lo había logrado. Sin notarlo siquiera, instantáneamente me vi transportado a este sitio. Había corrido toda la noche, bajo la lluvia, con los ojos cerrados y las venas abiertas y el corazón hundido en la reflexión. Pero el cuerpo no era más mi frontera. Las cadenas se habían quebrado. El ser interior se había desbordado y mi cuerpo ya no podría retenerme jamás. eía con claridad pero ya no con mis ojos; ya no a través de impulsos  eléctricos que permitieran terminar esta visión cerrando mis párpados translucidos. Fue entonces que me detuve por un instante. Cuando percibí mi cuerpo inmóvil, la fecha lapidaria en que había dejado de respirar y en que había cerrado mis ojos por última vez, para abrir mi alma por vez primera. Junto a toda esa gente que habría dependido de mí y que ahora no podrían hacerlo jamás, entendí entonces el porqué. Porqué no había más hambre, más sueño, más nada. La liberación de la mente y el espíritu. Hasta ese instante logre ser auténticamente independiente. Verdaderamente libre.

Imagen ©Salvador Dalí

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