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Nicanor Parra, el antipoeta centenario

Nicanor Parra, el antipoeta centenario

Hace 102 años que nació Nicanor Parra en San Fabián de Alico, un pueblo en la cordillera de Chile, en el seno de una familia modesta guiada por la pasión artística de sus padres; varios de los nueve hijos de la familia Parra se dedicaron a la música, entre ellos Violeta y Roberto.

Nicanor sería el único de sus hermanos que pudo acceder a la educación universitaria gracias a una beca de la Liga de Estudiantes Pobres, y a pesar de su facilidad e inclinación por los terrenos humanísticos, decidió estudiar matemáticas y física en la Universidad de Chile “para demostrarles a esos desgraciados que no sabían nada de matemáticas”. El primer galardón que recibiría en su vida, en 1938, le sería por sus aportes a estas disciplinas, y se lo otorgaría la Municipalidad de Santiago de Chile, pero ya para entonces, también había creado un cuerpo de trabajo literario y una voz poética propia.

En 1954, publicó Poemas y antipoemas, un libro con un lenguaje aparentemente simple, pero de tratamiento sofisticado que revolucionó totalmente la poesía hispanoamericana y con la que proclamaría el fin “de la poesía del tonto solemne”:

Ni muy listo ni tonto de remate

fui lo que fui: una mezcla

de vinagre y de aceite de comer

¡Un embutido de ángel y bestia!

El libro estaba prologado por Pablo Neruda, gran amigo de Parra con el que tendría una relación cargada de contradicciones y unida por la literatura, por la poesía. Poemas y antipoemas pronto se convertiría en un libro clave de la poesía latinoamericana.

Nicanor Parra, el antipoeta centenario

Pablo Neruda y Nicanor Parra tomando un trago

En 1969, Parra ganaría el Premio Nacional de Literatura de Chile, y su trabajo sería reconocido con una cantidad de premios internacionales que incluyen también el Premio Cervantes en 2011.

Nicanor Parra siempre ha sido un indomable. De las letras, de sus convicciones, de las posibilidades de su vida –ha llegado a los 102 años–. En septiembre de 2010, con 96 años, se unió a la huelga de hambre de una comunidad mapuche (grupo indígena chileno) para liberar presos políticos. Siempre siguió sus fuertes corazonadas y ellas terminaron por transformar el lenguaje poético de toda una generación.

Porque es un hecho bien establecido que el presente no existe sino en la medida en que se hace pasado y ya pasó… como la juventud. En resumidas cuentas sólo nos va quedando el mañana: yo levanto mi copa por eso.

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