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Las excentricidades de Monsiváis

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En la antigüedad, la sabiduría era transmitida de boca en boca a través de los abuelos, quienes se dedicaban a enseñar tanto las leyendas de cada cultura, como los sucesos que creían eran importantes de contar a toda la comunidad. Con el tiempo, los abuelos fueron reemplazados por libros, por personas que deseaban saber cada vez más, lo que provoca que surja la historia y la crónica.
En el caso de la Ciudad de México, si tuviera un cronista que contara toda nuestra historia, sin duda sería Carlos Monsiváis, quien de hecho es apodado el “cronista de México”.
No hace mucho que este cronista nos dejó, y junto con él yace un hueco intelectual. “Monsiváis es tan necesitado en estos tiempos de cambio” diría su íntima amiga Elena Poniatowska. Esta autora recuerda que el cronista, muy temprano en la mañana, terminaba de leer todos los periódicos de ese mismo día y, cuando veía algo interesante, le marcaba por teléfono para informarle.
Las excentricidades de Monsiváis
Esta relato habla sobre el verdadero Monsiváis; del otro, del que vive en la opinión pública, sabemos demasiado. Como toda buena figura pública, alrededor de él existen toda clase de mitos e historias. Existe incluso un mito urbano el cual dice que un día Monsiváis se encontraba en una cafetería (otras versiones alteran la historia y esta se desarrolla en un taxi, o incluso en un callejón) cuando llegaron unos asaltantes demandando las carteras de los asistentes. No obstante, cuando estos intentan asaltar al escritor, uno de ellos exclama: “no maestro, a usted sólo respeto”.
Esta leyenda, -que al igual que los viejos cronistas- fue pasada de boca en boca y nos habla del gran poder que este personaje tenía sobre la cultura “chilanga”.
Entre las cosas ciertas, se encuentra su fama de coleccionista y acumulador (que dio como resultado el Museo del Estanquillo) y por supuesto su afición a visitar La Lagunilla. Es también famosa su obsesión por los gatos, que de acuerdo a José Emilio Pacheco eran 22. Todos ellos poseían nombres tan exóticos como: Chocorrol, Posmoderna, Fray Gatolomé de las bardas, Miau Tse Tung, Miss oginia, Miss antropía ,Catzinger, o incluso Copelas o maullas
Finalmente, en el aspecto íntimo -de acuerdo a Marta Lamas-, este autor tenía preferencias homosexuales, de las cuales nunca huyó pero se negaba a hacer un show de ello. Monsiváis era un cronista cauto, que rechazaba hablar sobre su vida privada a cualquiera -y con justa razón-.
Lo que es cierto, sin importar cualquier excentricidad, es que Monsiváis no está y junto con su partida persiste un hueco extremadamente difícil de llenar…

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