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Ginsberg: budismo, excesos y poesía

Ginsberg, budismo, excesos y poesía

Cuando Kerouac inventó el nombre Vagabundo del Dharma, no existió mejor retrato que el poeta Allen Ginsberg. Este pilar de la Generación Beat fue un personaje que bien podría resultar de una mezcla entre Siddharta Gautama, William Blake y un poco de LSD.

Esta alma errante de ascendencia judía y expulsada de la Universidad de Columbia formó parte de los fantastic four de la Generación Beat junto con Kerouac, Burroughs y su ex-amante Neal Cassady. Como buen vagabundo, este escritor fue la mente maestra detrás de los viajes en carretera de los beat.

La poesía de Ginsberg, como la de muchos miembros de su generación, es directa, sin tapujos y alegorías. Allen podía hablar sobre la locura de su madre en Kaddish o desnudar a Neal Cassady en Many Loves –razón por la que fue censurado–. Poco después de su primera publicación en 1956, sus letras fueron prohibidas hasta un juicio que encabezó el propio Ginsberg por su libertad de expresión.

Esta última acción nos da a entender el carácter de Ginsberg como un ser activista y comprometido con diversas causas como la homosexualidad en Cuba, los refugiados en Bangladesh y la guerra de Vietnam, por lo que que fue deportado a Checoslovaquia y vigilado por la CIA. Además que, como ser humano, fue extremadamente coherente al vivir una vida realmente sencilla en la que sólo portaba ropa de segunda mano.

Ginsberg, budismo, excesos y poesía

Otro de los elementos que volvían a Ginsberg una persona controversial era que gustaba escribir bajo los efectos de diversas drogas, en especial el del ácido lisérgico o LSD. Actualmente, se le considera un heredero literario del místico William Blake, la profundidad de Walt Whitman y la irreverencia pasional de Lorca. Sus letras rebozaban de modernismo, romanticismo, jazz y, por si fuera poco, un toque de budismo.

Aquí entra en acción una de las figuras que penetraron las letras de este poeta: más allá de Kerouac o Burroughs, fue Chögyam Trungpa, uno de los maestros más radicales del budismo tibetano y representante del linaje Kagyu. Este hombre fue famoso por su intrepidez y métodos poco ortodoxos, no obstante, gracias a este carácter muchos poetas como Ginsberg o Anne Waldman entraron en contacto con el budismo e inspirarse a partir de él. De hecho, Trungpa ayudó a estos dos poetas a fundar la School of Disembodied Poetics de Kerouac.

Sobre Chögyam Trungpa se cuentan muchas historias –unas buenas, otras no tanto–, pero nadie puede negar la audacia con la que enseñó y con la que inspiró a cientos. Tal y como expresa su siguiente frase: “Todo lo bueno, lo malo, lo feliz y lo triste, todos los pensamientos se disuelven en el vacío como la huella de un ave al volar en el cielo”.

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