Cultura

LA INCREÍBLE LÓGICA DEL SINSENTIDO POR ANDREA BRAVO ECHENIQUE (BLOG)

La increíble lógica del sinsentido

 Andrea Bravo Echenique

Recientemente una feliz coincidencia me sucedió. Mientras que después de muchos intentos fallidos por fin leía A través del espejo, la versión invernal del cuento de Lewis Carroll Alicia en el país de las Maravillas, descubrí curioseando en la página del Museo Reina Sofía la muy, muy singular obra de Rosemarie Trockel, una artista alemana conocida sobre todo la exploración del papel de la mujer en el mundo del arte y en la vida cotidiana, haciendo críticas severas a través de lenguajes innovadores para su edad -tiene casi 60 años- como el video, la instalación o el collage. Sin embargo, bajo los efectos carrollianos está mujer resulta ser una verdadera filósofa de los porqués del mundo.

En una especie de compilación científico imaginaria, Trockel tiene un repertorio artístico que mucho más allá de los necesarios reclamos setenteros por dejar que las mujeres hagan algo más que tejer chambritas, profundiza en la exploración de las posibilidades de estirar el conocimiento y sus formas a través del absurdo y el sinsentido. Sus piezas, algunas esculturas, otras instalaciones, otros sketches, y tomando referencias de aquí y de allá, van esbozando un mundo imaginario que parece no tener el menor sentido lógico pero que discursivamente parece perfectamente descifrable si se apela a algo más que nuestra racionalidad cartesiana regida por el moto de pienso, luego existo. A partir de disciplinas que aparente y académicamente resultan radicalmente ajenas al mundo del arte contemporáneo como las ciencias naturales, la filosofía e incluso la teología, Trockel escribe con sus obras auténticos tratados que cuestionan la manera tradicional en la que pensamos y relacionamos las cosas.

Su producción ha mutado a través de su trayectoria en diferentes formatos y abordando diferentes temas, por lo que, me parece, no hay una obra de Trockel necesariamente consagratoria; sin embargo una de las más memorables para mí gusto es una peculiar escultura hecha de cerámica glaseada en color violeta, Violette Beach (2010). Estéticamente esta pieza evoca un meteoroide marciano que olvidó desintegrarse antes de chocar con la atmósfera de la Tierra; su aspecto tan amable y el color tan bonito, provocan un ansia impropia por hacer a la piedra conversar con uno sobre los acontecimientos espaciales y las caída estratosféricas que hoy están en boga.

Más singulares personajes que afirman el increíble poder que tienen los sinsentido surgen otras de sus piezas como Sin título (Creatura de hábito I, 1990), un perro caprichoso de bronce obscuro de tamaño real tirado en el piso con un cucurucho de fiesta en el cabeza, desmayado por una intoxicación evidentemente alcohólica, o de su serie de fotografías What it is like to be what you are not (1993), la que relata la triste historia de unas arañas adictas al hashish que no saben tejer telarañas. El descarado placer que toma Trockel de contraponer lo real, palpable y lógico con algo tan absurdo es realmente brillante en la medida en que nos obliga a reelaborar nuestras conexiones neurológicas en caminos disparatados, que aparentemenre son absurdo, pero que quedarán trazados y  tarde o temprano podrán ser andados, en la búsqueda de soluciones a acertijos canijos de la vida cotidiana.

Al final, el repertorio de obra de Rosemarie Trockel resulta ser una reflexión filosófica sobre lo que significa conocer el mundo traducida a una amable invitación a la bizarra fiesta del té donde es casi seguro que termines sentado en una mesa con dos patas de humano acompañado de un perro borracho, en donde el tema a discusión probablemente sean una sarta de especules improbables… la irremediable subjetividad a la que estamos condenados a la hora de pensar el extraño mundo en el que vivimos.

 

 

 

 

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