Cultura

“Generación Bang”

Generación bang: “No son números, son personas”

Por Mónica Vázquez Delgado

En 2007, un año después del inicio del mandato calderonista, empezó a efectuarse el proyecto de seguridad panista: la Guerra contra el Narcotráfico. El Ejército Mexicano salió de los cuarteles para apropiarse de las calles, espacios públicos de comunidades, principalmente, del norte de la República Mexicana.

Posteriormente, la agenda de los medios de comunicación nacionales e internacionales presentaron a diario titulares o imágenes de asesinatos, balaceras, narcotúneles, amenazas y mensajes de los carteles en avenidas principales del norte del país, dirigidos a Calderón, a veces a la sociedad o a otros carteles.

México estaba en guerra. Una guerra que acabó por destruir la tranquilidad social, donde el verdadero epicentro de ésta se encontraba en los que ni eran parte del ejército ni de los carteles: “los otros”.
Juan Pablo Meneses, periodista y escritor chileno, durante sus viajes a México, le llamó la atención el lenguaje noticioso amarillista que estaban manejando la televisión, radio y prensa en nuestro país y en cierto modo, deshumanizador. Para él todo parecía “La Guerra de la numerología”.

“Más de 50 muertos fallecidos en Monterrey, enfrentamiento entre soldados y narcotraficantes deja saldo de 30 heridos, 70 migrantes encontrados en una fosa clandestina en San Fernando, aumenta la cifra en un 50% en infanticidios y feminicidios”, etcétera. Todo era número en las notas, no entendía cómo la violencia se había convertido en la cotidianeidad de la gente, de la prensa ,y de ser personas, pasaron a ser sólo cifras.

Lo cierto es que dentro del periodismo mexicano, la crónica había estado actuando como la herramienta de muchos periodistas para humanizar la guerra, porque el porcentaje o el saldo de fallecidos en algún enfrentamiento tienen nombre, tienen historia, tuvieron vida.

Recopiló las crónicas de los periodistas mexicanos que describían a la guerra de Calderón, fuera del espacio del narco y del ejército. La descripción de los que por coincidencia caminaban por la calle y una bala por coincidencia le atravesó el cuerpo.

Marcela Turati, Alejandro Almazán, Daniel de la Fuente, Enrique Osorno, Thelma Gómez, Juan Veledíaz, entre otros, son parte de los que Meneses (periodista chileno) nombró Generación Bang, aquellos que no están de acuerdo con el concepto de periodista igual a peligro. “No somos mártires. Muertos, de qué le servimos a México”, comentan.
Son ellos los que después del enfrentamiento o de la balacera fueron con la viuda, los huérfanos para conocer la historia del fallecido y que lo que publicaron ellos fueron nombres, personas que trabajaban, iban a la escuela, tenían familia, practicaban fútbol los domingos, iban a la iglesia, viajaban, los sábados descansaban. “Son personas, no números”, dice la Generación Bang.

El periodismo narrativo participó también en esta guerra, donde “los otros”, parecían ser la imagen mediática amarillista y fueron ellos, estos cronistas mexicanos que quisieron presentarle a la sociedad que la guerra estaba dejando sillas y camas vacías en las casas de las familias del norte de México. Y ese vacío tiene nombre.

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