Arte

¿Estamos reescribiendo el canon tradicional del arte?

Que la historia es de quienes la escriben es bien sabido, y hasta ahora la mayor parte de la historia del arte había sido escrita y protagonizada casi exclusivamente por los hombres. Recientemente, se han hecho esfuerzos desde una perspectiva de reivindicación para colocar en su justo sitio a las mujeres que a pesar de haber sido vetadas durante siglos de la educación en general y la preparación artística en particular, así como alejadas de talleres, academias de arte y clases con modelos de desnudo, crearon obra importante y trascendente, tanto como la de sus compañeros masculinos.

En los 80, las Guerrilla Girls llamarían la atención sobre el hecho de que la obra de mujeres artistas era sorprendentemente poca. En contraste, su representación en obra creada por hombres –especialmente desnudos– era muy amplia. En 1987, los coleccionistas Wilhelmina Cole Holladay y Wallace F. Holladay fundaron en Washington el National Museum of Women in the Arts con la intención de reconocer los logros de las mujeres artistas de todos los periodos y nacionalidades. Pero el canon prevaleció.

En épocas recientes, hemos visto una nueva oleada de exposiciones que presentan una visión del arte a la que no estábamos acostumbrados: el Denver Art Museum inauguró una muestra que nos deja en claro que en uno de los movimientos artísticos más importantes de Estados Unidos, el expresionismo abstracto, hubo muchas mujeres involucradas; el Museo del Prado ha dado por primera vez en su historia el espacio de una exposición temporal a la pintura flamenca de la autodidacta Clara Peeters; por otro lado, Frances Morris declararía este año durante la inauguración de la ampliación de la Tate Modern en Londres que: Se puede reescribir la historia, pero no reinventarla. Estamos poniendo de relieve la grandes contribuciones de las artistas, pero siempre hubo un desequilibrio en la historia. Con dicha ampliación, la Tate Modern ahora presenta un 36% de obra creada por mujeres en su acervo.

El pasado no se puede cambiar, las desigualdades de siglos anteriores no se modificarán, pero la visibilización del trabajo de aquellas mujeres en el arte sí nos dará una mejor comprensión de nuestra propia historia para el futuro igualitario del mundo del arte. En ese sentido, bienvenidas las reescrituras.

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