Cultura

ENFRENTAMIENTOS EN EL MUNDO EDITORIAL ESPAÑOL

Barcelona, España | AFP | por Daniel BOSQUE

Especializadas en joyas literarias olvidadas, relatos o autores brillantes pero desconocidos, pequeñas editoriales independientes florecen en España a pesar de la crisis del libro y la dura competencia del sector, dominado por gigantescos grupos.

Uno de estos “David” es Jan Martí, un barcelonés de 33 años que fundó Blackie Books a finales de 2009, justo cuando la crisis económica española azotaba con más fuerza y la irrupción del libro electrónico ponía en duda la viabilidad del sector.

“Al principio nos tomaban por locos o suicidas. Me invitaban a las ferias como el raro que todavía creía en el futuro de los libros”, recuerda sonriente este licenciado en Filosofía desde su sede, un ático espacioso con grandes ventanales y techos altos en el bohemio barrio de Gracia de Barcelona.

En este antiguo taller de impresión de su familia, ahora lleno de estanterías con manuscritos y libros extranjeros, muestra con orgullo su colección de unos 70 títulos, desde novelas contraculturales estadounidenses a libros infantiles o manuales de autoayuda.

Su aventura nació cuando, trabajando en otra editorial, se enamoró de un manuscrito que decidió publicar él mismo. Consiguió los derechos y se lanzó a la piscina.

La apuesta salió bien: pasaron de uno a cinco trabajadores y ese libro, “Cosas que los nietos deberían saber” del cantante del grupo estadounidense Eels, Mark Oliver Everett, es su principal éxito con casi 30.000 ejemplares vendidos.

Ahora Blackie Books publica unos 30 libros al año, reconocibles en las librerías por sus cubiertas duras, su papel de alta calidad y unos diseños cuidados y llamativos.

 

– Negocios de guerrilla –

 

No se trata de un caso singular: Periférica, Libros del Asteroide, Errata Naturae, Nórdica o Alpha Decay son otros ejemplos de editoriales que, paradójicamente, brotan como setas en el momento más crítico del sector, cuando la facturación cayó al nivel de hace 20 años.

“Es un fenómeno de renovación, modelos de negocio de guerrilla, muy pequeños, que consiguen consagrarse en el sector”, explica el director del Máster de Edición de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, Javier Aparicio.

Un sector dominado en España por gigantescos grupos que, durante la crisis y ante la emergencia de nuevos competidores como Google o Amazon, expandieron todavía más sus conglomerados.

En los últimos años, el principal grupo editorial en lengua española, Planeta, adquirió Grup 62 y la francesa Editis llevando hasta más de un centenar su colección de sellos, mientras que Penguin Random House acumula casi 30 editoriales hispanas tras haber absorbido en junio Santillana Ediciones.

“Al ser tan grandes, estos grupos dejan huecos que los otros saben aprovechar muy bien para subsistir”, opinó Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación de Editores de España.

“No compiten frontalmente sino que buscan autores extranjeros pequeños, obras periféricas de grandes escritores o géneros muy concretos como la fantasía”, subrayó Aparicio.

Estos negocios encontraron en los libreros a sus perfectos aliados que vieron en esas pequeñas joyas de estética muy cuidada una manera de relanzar su oficio, también en decadencia.

 

– Editores domingueros –

 

Una de las pioneras fue Valeria Bergalli que en 1999 fundó editorial Minúscula, que ya acumula 150 títulos publicados y cinco colecciones diferentes.

“Era el momento de expansión de los grandes grupos y detecté cierta uniformización en las librerías cuando yo quería cosas diferentes”, dice desde su despacho de Barcelona, donde trabaja con una sola compañera.

“Que ahora salgan tantas editoriales con una crisis tan dura es inexplicable, pero confirma esa visión: el lector más inquieto estaba desatendido”, afirma.

Desde 2008, más de 1.900 nuevas editoriales se dieron de alta en el registro del ISBN español, casi todas de tamaño pequeño. Ningún gran grupo ha nacido desde el año 2000.

“La noticia no es que se creen, eso siempre ha pasado, sino que muchas de ellas prosperen”, explicó Ávila, aunque recuerda que también son muchas las que desaparecen.

Con estas expectativas fatalistas creó Ramon Girbau una pequeña editorial especializada en traducciones de autores extranjeros con el elocuente nombre Días Contados.

Abogado de un gran bufete de Barcelona, desde hace cinco años dedica sus fines de semana a buscar, traducir, maquetar e imprimir libros junto a su mujer fiscalista. Con tiradas cortas, de unos 500 ejemplares, consiguen hacer sostenible el negocio.

“Somos editores domingueros. Sacamos unos cinco libros al año porque apenas tenemos recursos. Estamos cómodos así y así seguiremos hasta que esto se muera”, afirma.

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