Cultura

El Zócalo de la ciudad de México, tesoro del pasado y presente

El Zócalo de la ciudad de México, tesoro del pasado y presente

La ciudad de los palacios, nombre que ciertamente ha encajado para el Zócalo de la ciudad México, al caminar por sus calles y observar esas construcciones dignas de un palacio que encierran años de historia, escuchar la música de los organilleros que incita a los recuerdos o a las sonrisas, el simple hecho de degustar una bebida o un pastelillo de la pastelería Ideal, famosa por su barra de panadería y pasteles o sólo sentarse en una de las bancas que están a lo largo de la Plaza de la Constitución puede ser una increíble forma de pasar el tiempo y conocer a través de el nuestra historia, la historia de los mexicanos y mostrársela al resto del mundo.
La visión moderna de tiendas departamentales, restaurantes y el arte de los museos actualmente se ha combinado con el panorama de palacios que es el Zócalo capitalino
Este espacio maravilloso ha estado ahí desde tiempos prehispánicos, el cual formaba parte del centro ceremonial de Tenochtitlán, de la antigua civilización azteca.
En la época colonial se dio comienzo con la transformación, con la aparición de Palacio Nacional, que antiguamente perteneció al emperador Moctezuma Xocoyotzin, es sin duda, uno de los monumentos más conocidos, también se dio pie a la construcción de la Catedral Metropolitana, la que antiguamente era parte del Templo Mayor azteca. A lo largo de toda la historia de México, el zócalo ha sufrido diversas transformaciones, con la Guerra Estados Unidos-México, la implantación del imperio de los Habsburgo, la Guerra de Reforma etc.
Al principio, dichas transformaciones sólo podían ser visibles a través de la pintura o el dibujo, gracias a Jean Prellier Dudoille, un grabador francés que vivió en la ciudad de México fue quien realizó el primer daguerrotipo de la Catedral en 1840 el cual fue publicado en ese mismo año, esta técnica es uno de los antecedentes de la fotografía, era muy parecido a esta, la imagen era en blanco y negro pero aun así se percibe bellísimo a nuestro momento. De nuevo, gracias a este hombre, otros fotógrafos comenzaron a retratar no sólo a la ciudad de México sino a diferentes regiones de nuestro país, algunos como: Jhosep-Désiré Charnay, François Aubert que incluso llegó a ser fotógrafo del emperador Maximiliano de Habsburgo, Charles B. Waite, Hugo Breheme, Manuel Álvarez Bravo entre otros.
El centro de la ciudad de México afortunadamente es una de las maravillas vivientes que el país tiene, y que todo mexicano debe conocer, el cual, en la actualidad ha sido sede de muchos actos culturales y sociales.
Pronunciar y escuchar, la Catedral Metropolitana, Palacio Nacional, Bellas Artes, el Templo Mayor, la Torre Latinoamericana, la Alameda central, Colegio de San Ildefonso, Museo Nacional de Arte, Casa de los azulejos, Palacio de Correos, la Dulcería Celaya, el Café Tacuba, es como llamar a una parte de la historia, el pasado, el presente, la identidad nacionalista, la cultura, el arte. Viene a nuestra mente cada edificio, cada secreto que encierra en sus recintos, esas risas de niños, aquellos jóvenes o ancianos tomados de la mano en la Alameda central, cada obra de arte plantada tanto en los recintos como fuera de ellos, en las calles, cada sabor, lo dulce de una cajeta y un chocolate espumoso o lo amargo de un café, cada olor que es perceptible en la calle de Tacuba, las palabras que se convierten en murmullos a voces si se camina por la Calle de Madero o 16 de Septiembre.
El Zócalo capitalino generalmente es tan grande y cuenta con tantas distracciones que jamás, ni el más conocedor llegará a saber de el enteramente, conocer cada secreto, recordar cada rostro, de cada vendedor, el nombre de cada tienda, de cada museo, el sonido, olores y sabores exactos de la gastronomía folclórica y elegante. Sin duda nada de eso, ni yo, ningún mexicano, ningún extranjero, nadie podrá saberlo nunca porque el Zócalo es un tesoro que aún no se descubre por completo.

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