Cultura

EL FASCINANTE MUNDO DEL VINO CASTELLO BANFI

¡Fascinante! ¿Saben por qué? Porque el vino tiene que ver con todo:

El vino está unido a la gastronomía,
se relaciona con el buen vivir,
con la etiqueta y las buenas maneras,
con la geografía,
con los negocios (tanto de las propias bodegas como de los tratos que se pueden cerrar con un buen vino)
con el sabor,
con el festejo,
con el romance,
con la poesía,
con México y con mundo.

Saber pedir vinos, saber comprar vinos, saber ordenar en una reunión un buen vino, conocer de los rituales que lo rodean y hasta aprender el idioma con el que se califica al vino.

Los tres pasos de una buena cata:

Catar vinos es simplemente aprender a saborearlo con todos los sentidos. No hace falta ser ningún dotado ni erudito para saber si un vino es bueno o malo. Sólo se trata de identificar algunas cosas de su color, de su aroma y de su sabor:

1. El color se mira de arriba para abajo

No explore el color mirando el vino a contraluz. Incline la copa sobre el mantel blanco y obsérvelo desde arriba. El vino toma la forma de una lengua. El color se aprecia mejor en su punta más delgada.

2. Aroma

Gire el vino en la copa para que suelte sus aromas. Luego respírelos con olfateos cortos, no aspiraciones profundas.
El vino huele fruta por las uvas que le dieron origen, a la fermentación y a la madera donde maduró. Disfrute lo más profundo esas fragancias por las fragancias mismas. Cierre los ojos y trate de describir a que le recuerda ese aroma: a flores, a frutas (cuales) a madera, a cuero, a mantequilla, basta que se deje llevar por este juego casi adivinatorio.

3. Sabor

Beba un sorbo pequeño de vino y no lo trague. Solo páselo por toda la boca para que vaya saboreándolo mejor y hasta le recomiendo que aspire un poco de aire y notara que con el oxígeno el vino que tiene en la boca será mucho más potente. Aquí también trate de sentir a qué le recuerda ese sabor: a frutas rojas, a frutas maduras…


 ¿Sabía que la mejor manera de quitar una mancha de vino tinto de una prenda o de un mantel es con vino blanco? Una uva lava la otra. Téngalo en cuenta para cuando le toque algún accidente en un restaurante.


Si Dante Alghieri hubiera imaginado el paraíso de su Divina Comedia con tanta precisión como imaginó el infierno y el purgatorio, seguramente habría sido Toscana ese cielo tan perfecto por donde viaja de la mano de Beatriz. Lo cierto es que al llegar a esta zona de Italia uno se pregunta dónde fue que Dante se inspiró para realizar una obra que es un clásico, además de la emoción que se siente al pensar que es allí donde nació el idioma italiano.

Esta zona, además de ser una de las madres más prolíficas de vinos premiados en todo el mundo, es cuna de la cultura italiana. En su capital,  Florencia, nació el Humanismo y el Renacimiento y también alberga verdaderas joyas arquitectónicas, obras pictóricas de grandes como Leonardo Da Vinci, Miguel Angel o Felipe Brunelleschi.
Vedere Italia e doppo morire.

A finales del año pasado realicé un viaje a la región Toscana, recorriendo las bodegas más bellas enmarcadas en paisajes que parecen escapados por momentos de algún cuadro del museo de Florencia. “Bajo el sol de la Toscana”, Diane Lane hizo un balance de su vida en una de sus películas. Bajo el sol de Toscana yo me terminé de enamorar de los grandes vinos hijos de las uvas sangiovanese. La calidez de la gente debería también medirse en la escala de Robert Parker: cordialidad, tiempos laxos y sonido a copas preñadas de vinos tintos. Uno de los ejes de esta enológica gira fue el Castello di Banfi, el mejor botón de muestra de todo lo que tiene esta maravillosa región italiana para ofrecer. En un solo y amurallado lugar se puede recorrer la cultura, el arte, el vino y la excelente cocina italiana.

El Castello

Uno se acerca por el camino y ve desde lejos un castillo medieval vigilando desde lo alto de un cerro a un tórrido viñedo. Estamos en la zona (muy premiada por sus vinos) de Moltalcino. Tanto este castillo como el entorno refleja rápidamente la filosofía del estado de Banfi: respeto a las tradiciones y vanguardia en las innovaciones. Esta fórmula le ha permitido a esta soleada zona del norte de Italia, ser una de las mayores productoras –y exportadora- de vinos de la península. Y recorriendo sus valles, uno entiende el porqué se respira paz, se siente el peso de las tradiciones y el sacrosanto respeto a la naturaleza.

El Castello di Banfi es un enorme y medieval castillo (el unico fortificado que queda en la región ) que data del siglo XIII. Con una vista prodigiosa a los viñedos, en el Wine Shop se pueden degustar los mejores vinos de la zona de Banfi (entre ellos los Brunellos de Moltalcino) o bien elegir el vino y pedir que se lo lleven a su mesa en alguno de los dos restaurantes del castillo: La Taverna o el Ristorante.

El primero es más informal, aunque no por ello menos selecto, y un espacio para saborear los mejores platos de la cocina toscana. En el segundo, más refinado y casi aristocrático, es un pequeño y selecto espacio para pasear por su exclusiva carta. Se acaba la jornada en el Castello. Cae el sol sobre la bella Toscana. Un ritual que despierta pasiones, madura uvas y alimenta el mayor de los secretos detrás de cada botella de vino. Dante.. este es tu paraíso

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