Cultura

EL DÍA DE FURIA DE DAMIÁN SZIFRÓN

La convivencia con el prójimo es algo que siempre resulta difícil. Un deporte de alto contacto y roce, por decirlo así. A todos nos ha sucedido alguna vez esa sensación de rabia incontrolable que se disemina por todo el cuerpo hasta hacer hervir la sangre cuando alguien se nos cuela en la fila del banco o cuando nos gana el asiento en el micro o algún burócrata nos hace regresar una y otra vez a la ventanilla para obtener la licencia, la identificación oficial o cualquier otro documento sólo para decirnos que es imposible culminar el trámite pues nos falta la copia de la copia del acta de nuestra entrada en el hospital donde nuestra madre dio a luz, o algún absurdo por el estilo. Asuntos cotidianos en los que nos aflora un deseo inmenso de aniquilar al otro, pero claro, no lo hacemos gracias a las reglas de la sociedad y porque supuestamente somos animales civilizados. Sin embargo, ésa es nuestra naturaleza, somos animales y cada tanto el salvajismo innato dormido en nuestro interior despierta y sale a flote.

De eso va el tercer largometraje del realizador argentino Damián Szifrón, Relatos salvajes, que reúne seis historias unidas por el odio hacia el otro que nos hace la vida imposible. Muy parecido a Un día de furia, de Joel Schumacher, donde Michael Douglas enloquece contra todo y contra todos en un día en el que el tráfico, la gente prepotente y el mundo entero está en su contra, Relatos Salvajes nos permite ser testigos de seis situaciones límite, una en un avión donde todos los pasajeros “casualmente” conocen a un tal Guillermo Pasternak a quien jodieron de distintas formas a lo largo de su vida y quien cobrará venganza a 25 mil pies de altura; en otra asistimos a la feroz batalla entre un hombre acomodado, dueño del mundo en su flamante auto nuevo y un pobre desgraciado que no tiene dónde caerse muerto a bordo de una destartalada camionetita y al juego de poderes que se suscita entre ambos a causa de que el segundo, el más jodido, no deja pasar al burgués en la carretera. También compartimos la rabia de una joven que recibe una noche en el restaurante donde es mesera al culpable del suicidio de su padre; o la impotencia y la ira de un ingeniero, el “bombita”, quien sufre como tantos ciudadanos el abuso y la impunidad de un sistema corrupto que siempre tiene la razón. Y hablando de corrupción, el capítulo dedicado al adolescente, hijo de un potentado, que atropella y mata a una embarazada, es un claro ejemplo de la podredumbre del tejido social actual con individuos enfermos de codicia y capaces de todo por dinero.

El filme culmina con uno de los acontecimientos que en teoría debería ser el más feliz de una pareja: una boda. No obstante, la ceremonia se convierte en un espectáculo donde los protagonistas son el engaño, la venganza, el rencor, el odio, pero también el amor apasionado y loco en un cóctel verdaderamente explosivo, el broche de oro para una película impresionante en todo sentido. No es de extrañar que Szifrón nos deleite con un guión bien estructurado, de diálogos ácidos y cáusticos, porque ya estábamos acostumbrados con su brillante trabajo en la serie televisiva Los simuladores, aunque aquí lo lleva a otro nivel. Además de contar con un gran despliegue de producción, una estética sumamente cuidada, Szifrón se rodeó de los mejores actores del cine argentino contemporáneo comandados por el grandioso Ricardo Darín como “el bombita”, en una de las historias más entrañables para el espectador por la reivindicación que ofrece para el ciudadano de a pie, ese que siempre es la víctima de la prepotencia y las arbitrariedades del sistema. La presencia de un actor consagrado como Darío Grandinetti llena la pantalla a pesar de su pequeña participación y qué decir del experimentado Leonardo Sbaraglia, quien exterioriza muy bien las más bajas pasiones del ser humano. Y por si fuera poco, Gustavo Santaolalla, uno de los más grandes compositores argentinos de la actualidad, pone la nota musical en un filme redondo, que además de entretener y divertir nos hace reflexionar hacia dónde vamos como sociedad.

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