Cultura

Eduardo Chinaski

Cuando la encontré estaba en el suelo llorando. Alguien la había lastimado y le había cortado las alas. Rápidamente se acercó a mí en busca de ayuda. Yo sequé sus lágrimas y la ayude alevantarse. Con el tiempo me fui encariñando con ella, le ayude a recuperar su confianza y que sonriera de nuevo. Poco a poco fui reconstruyéndole sus alas. Con cariños, consejos, sonrisas, abrazos. Sin darme cuenta fui utilizando partes de mi corazón para que todo se fuera uniendo y pudiera utilizarlas. Un día ella me dijo que aún no estaba preparada para volar y que no se sentía segura de volver a volar junto a alguien, que me quedara con ella un poco más. Así lo hice.
-Creo que he encontrado a alguien con el que puedo volver a volar. –Me dijo al momento en que me tomaba de las manos y me miraba directamente a los ojos.
Pensé que esa persona que le brindaba la seguridad para volar era yo. Incluso le dije que me esperara un poco de tiempo en lo que me construía unas alas para poder volar junto a ella.
-No te preocupes, no las necesitas, no eres tú la persona con la que quiero volar.
Y emprendió el vuelo, alejándose rápidamente de mí. Mientras se iba alejando volteo a verme y me regaló una última sonrisa.
Fue entonces que sentí un vacío en mi ser. Me mire en el espejo y en donde se supone que tenía que estar mi corazón, solo había un hueco ensangrentado. Ella se había alejado de mí con las alas que le ayude a reconstruir. Y esas alas fueron hechas con todo mi corazón.

Imagen de la película ©Control de Anton Corbijn

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