Cultura

DE UNA DE LAS MUCHAS VERSIONES DE LOS GIRASOLES DE VINCENT VAN GOGH

El 30 de marzo de 1987, en la Casa de Subastas Christie’s de Londres, comenzó una de las carreras más célebres en la historia del arte universal, la de las obras súper valuadas y vendidas a precios exorbitantes. Esta carrera convirtió a las temporadas de subastas en reuniones donde los más acaudalados se codean con artistas –casi siempre muertos–, cuyas obras alcanzan montos descomunales, pero que para los primeros, la cantidad bien vale la pena con tal de poseerlas. Esta carrera está íntimamente ligada al boom del mercado petrolero. Aunque no pretendo hablar de eso, sí deseo hacerlo de los celebradísimos Girasoles de Vincent Van Gogh, la obra que inauguró esta temporada que parece no tener fin –pese a la crisis económica global de los últimos años–.

Esta pintura de uno de los artistas más reconocidos de todos los tiempos, alcanzó los 39.7 millones de dólares, ajustado en 2013 a los 82.4 millones. Lo que Yasuo Goto (de la compañía de seguros Yasuda Fire and Marine) costeó gustoso a la nuera del famoso coleccionista y “rey del cobre” Sir Alfred Chester Beatty (de tres nacionalidades), apenas asomaba la nariz a lo que en una venta privada de abril de 2011 la familia real de Qatar pagaría a George Embiricos por Los jugadores de cartas de Paul Cezanne: la descomunal suma de 259 millones de dólares (aunque algunos aseguran que pudo haber llegado a los 300 millones).

Pero si de Los jugadores de cartas se tienen varias versiones (siendo la quinta la que alcanzó este monto), de los Girasoles se tienen algunas más.

Los Tournesols del pintor holandés Vincent Van Gogh (1853–1890) pertenecen a dos series de naturalezas muertas, una de ellas pintada en París hacia 1887 (que consta de cuatro óleos). Ya en Arles, y para 1888, fecha en la que realiza su segunda y más conocida serie, Van Gogh busca la aprobación de su amigo Paul Gauguin, quien inclusive pintaría a Van Gogh mientras realizaba su serie. La vida azarosa de estas obras, las llevó a ser adquiridas por Paul Gaugin, a pertenecer al tríptico “Berceuse”, a formar parte de una de las exposiciones anuales del mítico grupo de artistas belgas Les XX (les vingt), que tuvo lugar en Bruselas hacia 1890.

Pero la historia no es tan sencilla, al menos no la que acompañó a la segunda versión (con fondo azul), ya que fue destruida durante un incendio al término de la Segunda Guerra Mundial (1945). Ni tampoco a la que siguió a la copia de la cuarta versión (y que fue con a que comencé este texto), ya que la compañía de seguros Yasuda Fire and Marine, la cedió al Seiji Togo Yasuda Memorial Museum of Modern Art de Tokio, tras la controversia que la rodeó, al asegurarse que se trataba de una copia del original (de la serie parisina), realizada por el pintor francés Emile Schuffenecker, seguidor de Van Gogh, aunque los expertos han negado esta posibilidad.

Y luego de este enredado periplo, bastan dos preguntas: ¿cómo influyó esta pintura en el mercado del arte del comienzo de la segunda década del siglo XXI?, y ¿cuál fue el camino de otras obras de arte durante y después de la Segunda Guerra Mundial?

De la primera pregunta quedan muchas historias que pretendo contar, desde la familia real de Qatar, hasta el tiburón de Demian Hirst. De la segunda, tal vez la historia de The Monument Men nos arroje luces, pero esa la platicaré para la siguiente…

Imágenes para fines referenciales exclusivamente

Vincent Van Gogh Jarrón con quince girasoles, 1888

Paul Cezanne Los jugadores de cartas (5ª versión), 1894-1895

Paul Gaugin Van Gogh, pintor de girasoles, 1888

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