Cultura

Cuento de Sci Fi

Despertó en el momento en que un rayo iluminó la habitación a través del domo; miró su reloj, había dormido mucho, pues ya era de noche y llovía afuera.
Se quedó contemplando el exterior; cada vez que un relámpago iluminaba la oscuridad, veía la llanura púrpura, extenderse a lo lejos; un poco más cerca, las montañas se dibujaban contra el horizonte con sus cimas aserradas, a sus faldas pudo distinguir un bosque de tonos magenta, la visión casi fantasmagórica le perturbo, era como si mirase una pintura sin proporciones correctas.
Distrajo su atención hacia el interior y aunque todo estaba igual tuvo una sensación inquietante, pensó en levantarse y bajar a la estancia, pero la tormenta se precipitó como una catarata, prefirió esperar, hacía frío y era de madrugada, quiso encender el pequeño televisor pero no había energía, suspiró, se envolvió en las cobijas y estuvo un rato escuchando el fragor de los truenos y el golpeteo del agua contra el domo; quiso recordar cuando lo habían instalado pero no lo consiguió y poco a poco se fue quedando dormido y comenzó a soñar…
El sueño era recurrente desde niño, todo empezaba una noche, jugaba en la sala de la casa, mientras su abuela daba de comer al gato y su madre preparaba la merienda, de pronto ocurría un apagón; en esas ocasiones le gustaba salir al patio y contemplar el cielo, tomó su cámara y salió al patio; la noche era estrellada, subía corriendo por las escaleras a la azotea y primero veía a la luna llena, de pronto un disco blanco como la leche, aparecía a su lado, al ver hacia el horizonte docenas de discos de diversos tamaños se movían rápidamente en varias direcciones.
Con una mezcla de alegría y temor procuraba tomar fotografías de los objetos hasta que uno de ellos parecía acercarse a él y un haz luminoso barría la azotea lentamente como los reflectores en una pista de baile, asustado bajaba corriendo y se escondía en el estudio, pero el haz traspasaba el techo e iluminaba la habitación y en el momento en que parecía que lo iba a alcanzar, despertaba sobresaltado, pero contento.
Había algunas variantes en su sueño; otras veces, la noche era estrellada y hacía calor, salía a refrescarse y al mirar hacía el cielo casi se desmayaba de la impresión; pues veía a un Júpiter imponente y a un Saturno con sus anillos azulados, a Marte de un tono carmín, dos o tres veces más grandes que la Luna en su mayor acercamiento, como si la Tierra fuera un satélite más, cerraba los ojos y procuraba serenarse, al abrirlos iba conversando alegremente con su abuela por un campo, admirando el cielo.
Le gustaban estos sueños y de alguna manera era un deseo oculto en su subconsciente otras veces se encontraba en la sala y de pronto, escuchaba un aleteo muy suave, se asomaba por la ventana y veía las esferas fosforescentes de variados colores, salía a la calle para contemplar el espectáculo y comenzaba a gritar eufórico ¡Aquí están!, ¡Aquí están!., ¡Son reales!, ¡Miren! ¡Han llegado!, Mientras un objeto multicolor descendía lentamente con un zumbido que recordaba un panal de abejas, Por lo regular cuando soñaba así, despertaba de buen humor aún ahora que ya era adulto.
Entreabrió los ojos, ya no se oía el rumor de la tormenta, pero todavía era de noche; se desperezó se dio cuenta que hacía calor, bastante calor, tanteó en la oscuridad buscando el apagador pero era inútil aún no había energía, forzó la vista y de pronto se iluminó la habitación, no era una luz muy fuerte pero sí lo suficiente para no tropezarse; decidió bajar a la estancia, porque tenía hambre cuando salió del cuarto instintivamente miró al cielo pero todo era oscuridad, ni nubes ni estrellas, se extraño pues acostumbraba mirar la constelación de Orión que por esas fechas quedaba exactamente encima de las escaleras, aunque ahora dudaba de haberla visto alguna vez, quizás también era un sueño – se dijo -.
Entró por la cocina, iluminada con la misma tenue luz y miro a través del domo, pero solo había la misma oscuridad. Recogió los cerillos del piso y encendió la estufa para calentar café y prepararse algo de comer, miró en el reloj de pared de la sala y se sorprendió de ver que eran las 8 p. m. hizo cuentas, había dormido 17 horas, suspiró, busco un lápiz y papel, decidió escribir, sobre la mesa había dejado unas revistas, le gustaba mucho escribir y recordó una historia en una época no muy lejana, en el 2010 cuando había surgido una verdadera fauna urbana de depredadores, cazadores, exterminadores, etc. La idea le parecía buena, le llevó un par de horas bosquejar el cuento, iba asomarse a la calle pero tenía mucho sueño, solo se cercioró que estuviera cerrada con llave la puerta y de nuevo subió a la habitación el calor ahora era agradable, pensando que al día siguiente todo estaría bien, se envolvió y durmió profundamente.
¡Sigue siendo de noche! refunfuñó, no, tal vez sea de madrugada, incorporándose en la cama miró la hora en su reloj, las 7 p. m., apenas las 7 p. m. dio un brinco, 23 horas dormido, una sensación de angustia le embargo y recordó una de sus peores pesadillas infantiles; de pronto ya no había día solo noche, sabía que en los polos la noche duraba seis meses y se imaginó que ya no hubiera amaneceres, al principio le pareció graciosa la idea, pero cuando lo soñó le dio miedo, de cualquier forma decidió levantarse, era buena hora para ir a la tienda, bajo las escaleras abrió la puerta y salió al exterior, se llevó una sorpresa al sentir el suelo arenoso, como si pisara ceniza, se agacho y recogió un poco de arena, era de color púrpura al menos así se veía bajo la tenue luz, que por cierto era la misma que había dentro, miró hacía la calle pero no encontró las casas, porque tenía el vago recuerdo de que había, ¿O tal vez lo soñó? , se sintió confundido, entró a la casa y trató de poner en orden sus ideas, todo estaba en apariencia igual pero algo no encajaba, sin embargo no podía saber que era, era como en esos sueños en que ves a alguien que conoces pero hay algo que te impide reconocerlo ó como cuando sueñas el número premiado de la lotería y te dices en el mismo sueño que lo recordarás al despertar, pero no lo consigues, así se sentía ahora.
Lo mejor que se le ocurrió fue salir a caminar y saber que ocurría, sus pies se hundían, levemente, a cada paso, le pareció curioso, pero no extraño, miro a su alrededor y encontró el mismo paisaje que vislumbró entre los relámpagos de la tormenta, la planicie se extendía perdiéndose en el horizonte y las montañas con sus picos cortados semejando pedazos de vidrio amontonados, el bosque estaba a unos cuantos paso pero no le pareció buena idea acercarse a él; prefirió caminar e instintivamente se dirigió a la tienda, pero solo era un llano, de hecho al irse alejando de la casa se dio cuenta que era la única en todo el terreno; el corazón le dio un vuelco y regresó corriendo, se detuvo de pronto a mirar y lo que él había tomado por un domo no era otra cosa que una burbuja que cubría la construcción, pues en realidad no tenía techo, miró de nuevo al cielo pero no había ni nubes ni estrellas solo a lo lejos se veía el destello de los relámpagos.
Su mente era un caos aún no comprendía bien, se quedó pensativo un rato, cuando poco a poco comenzó a percibir un susurro, puso más atención y lo escucho mejor, era algo parecido a un enjambre de abejas, la sangre se le heló en las venas, volteó y miró, apenas si alcanzó a detenerse de la puerta para no caer, al contemplar el disco blanco, como la leche, que oscilaba en el cielo, un rayo de luz igual a la hoja de una daga, barrio el piso como un reflector en una pista de baile, lentamente se acercaba a él, pero no se movió hasta que lo alcanzó y le baño de lleno.
Fue entonces cuando todo se aclaró en su mente y revivió la escena con todos los detalles. Era un martes por la noche, en la radio hablaban del cometa y que podría ser filmado; al escuchar esto preparó su cámara y subió a la azotea; miró al maravilloso cometa con su cauda y empezó a fotografiarlo, de pronto le pareció ver un par de luceros fugaces atrás del mismo, se fijo bien pero no eran fugaces, seguían una dirección definida, de repente vio el objeto circular avanzar lentamente por encima de las casa proyectando la luz que veía en sus sueños y supo lo que iba a suceder, bajo corriendo, mientras el rayo luminoso traspasaba todos los muros de la casa; se ocultó bajo el escritorio en el estudio y vio como el rayo se acercaba despacio a su escondite, hubiera querido despertar, pero esta vez no era un sueño, quiso cerrar los ojos pero la curiosidad fue mayor y aguardo a que lo alcanzara.
Primero fue una sensación de calor, después vio como el rayo iluminó toda la habitación hasta hacerse imposible soportar la intensidad y cerró los ojos por un instante, entonces escuchó un estruendo como de terremoto y después la sensación de estar en un elevador que sube rápidamente.
Suspiró profúndame, así que era esto – pensó – mi sueño al fin completo, ¿ premonición?, ¿Coincidencia?, ¿Realización de un deseo?, – se preguntó, para luego agregar – sea lo que sea , sucedió; el disco había desaparecido y todo estaba en calma, solo a lo lejos el fulgor de los relámpagos, de vez en cuando resplandecían; comenzó a caminar, de pronto sonrió: Me gustaría ver la cara de asombro del vecindario, al ver el vacío que había dejado la casa – se sintió contento- soy el primer ser humano fuera de… la tierra; pensó en sus amigos en lo eufóricos que estarían al saber la noticia, pero también sintió pena y se entristeció por que ya no volvería a verlos a ellos ni a su mundo, pensó en sus grandes ojos negros y quiso llorar pero se contuvo al mirar la planicie púrpura a lo lejos, siguió caminando tenía mucho que aprender… en verdad, era mucho que aprender, pero ya habría tiempo… mucho tiempo … y lentamente se internó en el bosque.

FIN

AUTOR :

ICARO

Verano 1998.
D. R. 2004

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