Cultura

CONVIERTEN LA REBELIÓN EN ARTE EN HONG KONG

por Sarah TITTERTON

Hong Kong, China | AFP | El arte es una revuelta, escribía Albert Camus. En Hong Kong, los manifestantes prodemocráticos han convertido la revuelta en arte, creando un taller a cielo abierto para mantener vivo el movimiento.

Han transcurrido más de cuatro semanas desde que las fuerzas de seguridad se opusieron a los jóvenes que reclaman poder elegir libremente en 2017 a los dirigentes de esta antigua colonia británica.

Tras haber sido expulsados parcialmente de los barrios comerciales de Causeway Bay y de Mongkok, los manifestantes controlan una autopista urbana a lo largo de aproximadamente un kilómetro, cerca de la sede del gobierno en Admiralty.

Y de forma espontánea han transformado este lugar saturado de coches y de gases de combustión en una exposición al aire libre, que viene a ser un manifiesto de toda una generación.

En el centro reina el “el hombre de los paraguas”, una escultura de cuatro metros de alto que rinde homenaje a los paraguas utilizados por los manifestantes para protegerse del sol, la lluvia y el gas pimienta de la policía antidisturbios.

Entre tiendas de campaña multicolores, víveres y puestos de socorro rudimentarios, los manifestantes dibujan, cortan, pegan y pintan.

“Todo el mundo quiere participar”, comenta entusiasmada Meaghan McGurgan, fundadora de Umbrella Movement Art Preservation Group (UMAP, que significa grupo de conservación del movimiento artístico de los paraguas).

Los paraguas en origami tienen mucho éxito. Los papeles, las fotos o los textos llenan los muros, los postes y en general cada centímetro cuadrado vacío.

El equipo está en constante alerta por si irrumpe la policía. “Su misión consiste en llamarme”, explica Meaghan McGurgan. “Así, si hace falta se puede movilizar a los equipos de socorro”.

La mayoría de las creaciones realizadas en el barrio de Mongkok fueron destruidas en las últimas semanas. En Admiralty, los artistas dieron permiso a los voluntarios de la UMAP para evacuar sus obras.

El problema es dónde se almacenarían. Los museos de la ciudad dieron largas. “O no han contestado o han dicho que no están interesados por tratarse de arte político”, contó Meaghan McGurgan.

Pero una decena de galerías han puesto a su disposición camiones.

Con todo será muy difícil desplazar el “Lennon Wall”, un muro cubierto por miles de pósit amarillos, rosas y azules en los que los partidarios y detractores del movimiento plasmaron sus ideas.

“Hemos tomado fotos a gran escala, a una distancia correcta, dividiéndolo en secciones”, explica Meaghan McGurgan. “Si es necesario, bastará con recomponerlo como un puzzle”.

Y por si no les da tiempo, la UMAP está creando archivos digitales de la “revuelta de los paraguas”.

Otro grupo de activistas (The Umbrella Movement Visual Archive and Research Collective) está intentando crear “una comunidad y transformando el espacio” en lugar de expresión y de reivindicación, afirma su cofundador, Sampson Wong.

“Si miras de cerca, aquí hay todas las formas habituales de la vida (social) aunque obedezcan a una estructura diferente”, asegura Sampson Wong, miembro de este colectivo.

Kacey Wong, un artista local, está convencido de la necesidad de preservar este patrimonio artístico para las generaciones futuras.

“Desconozco cuál será el futuro de Hong Kong -dice- pero por el momento es bastante sombrío. Es importante que dentro de 25 años los niños puedan acordarse de un mundo muy civilizado y lleno de esperanza”.

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