Cultura

Contratos y acuerdos legales en el siglo XVII

Quien estuvo en constantes conflictos legales en materia de contratos fue Domenikos Theotocopoulos conocido como el Greco, porque no aceptaba fácilmente la valoración de sus obras. Es conocido el proceso legal entre los represen­tantes de la catedral de Toledo y El Greco, por el encargo del Expolio de Cristo. Para los representantes de la catedral el cuadro valía menos de los 1 500 reales que se le habían adelantado, para los representantes de El Greco la obra valía seis veces más. El conflicto requirió de un árbitro legal que tasó la obra en una cantidad intermedia de 3 500 reales. Al final El Greco obtuvo la cifra antes citada.

Recuérdese que los artistas más cotizados fijaban sus precios por el número de figuras principales, sin contar las figuras de fondo. Haskell (1984) señala que a Domenichino, pintor activo durante el siglo XVII, le asignaron un pago de 130 ducados por cada una de las figuras de sus frescos de la Catedral de Nápoles.

El número de contratos celebrados entre artistas y clientes es extenso, tan sólo en la región de Sevilla en un período que comprende de 1541 a 1630 se conservan 80 relaciona­dos con la ejecución de retablos. Es de conocimiento general que en las artes plásticas, la pintura siempre ha sido la más cotizada, no fue la excepción en el siglo XVII, lo que aprovecharon artistas renombrados como Claude Lorrain o Gian Francesco Barbieri, llamado el Guercino quienes se dieron el lujo de establecer acuerdos y pedir pagos por adelantado. El Guercino como muchos pintores cobraba por figura pintada.

“Como mi precio habitual por cada figura es de 125 ducados … y como su Exce­lencia se ha limitado a 80 ducados, tendrá justo un poco más de media figura” (Haskell; 1984: 31)

Furió (2000) afirma que la elección de un artista se determinaba por el aspecto econó­mico, el estilo artístico, la reputación del artista y hasta el lugar de nacimiento. En la Italia del siglo XVII se tienen múltiples ejemplos, debido a que los papas y cardenales tenían una marcada preferencia por los artistas de su respectiva ciudad natal. También es cierto que muchos acuerdos y contratos que se celebraban no llegaban a concluirse satisfactoriamente.

Un ejemplo se tiene en la renovación de la decoración de la iglesia de Santa María Ma­ggiore de Bérgamo, una de las empresas mejor documentadas del patronazgo italiano del siglo XVII. Para dicha obra se nombró a un comité especial, al cual fue muy difícil de satisfacer sus exigencias. Primero fracasaron sus negociaciones para contratar un ar­tista de talla internacional; después, rompieron relaciones con la mitad de los artistas italianos con los que se habían entrevistado. Con el Guercino no llegaron a un acuerdo, pues éste no accedió a las peticiones del comité; contrataron a Pietro Liberi, sólo que no les gustaron las piezas y tuvieron que cancelar el contrato; después llamaron a Ciro Ferri, quien finalmente abandonó Bér­gamo voluntariamente, sin acabar el trabajo acordado.[1]

Es una realidad que a lo largo de la his­toria del arte siempre han habido obras por encargo con un exceso de especifi­caciones por parte del cliente. También artistas que no respetaron al pie de la letra lo estipulado en dicho documento y realizaron cambios sin consultar a la otra parte.

Fuentes de información:

Furió V. (2000). Sociología del arte. Madrid: Cátedra.

Haskell, F. (1984). Patronos y pintores. Arte y sociedad en la Italia Barroca. Madrid: Cátedra.

[1] Véase Haskell; 1984: 218-222

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