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Stranger Things: una serie de culto desde su primera temporada

Stranger Things

Bastaron 246 palabras para que Eleven (Millie Brown), la inexpresiva pre-adolescente de Stranger Things, captara la atención de un público hambriento de historias vintage, adicto a la nostalgia ochentera. La serie de ciencia ficción creada por los Hermanos Duffer y transmitida vía Netflix se ha convertido en la gran favorita del año. No es para menos. Incluye una cantidad maravillosa de guiños a la cultura pop norteamericana de la época –de Stephen King a Steven Spielberg, sin olvidar Dungeon & Dragons, Star Wars, Atari y otros deliciosos alimentos terrestres–. No sería exagerado decir que su éxito se debe a los gags repartidos en sus trepidantes ocho capítulos. Una celebración con luces navideñas y viejas canciones impregnadas de saliva alienígena.

¿Qué nos gusta de Stranger Things? En primer lugar, el monstruo, ese merodeador de las sombras que deja rastros de podredumbre y sangre. El Demogorgon es la metáfora del miedo al silencio cósmico de toda una generación. No creo en fantasmas, pero sí en aliens y dimensiones alternas, confiesa Matt Duffer. La desaparición de Will Byers nos enredará en una telaraña de fenómenos paranormales: telequinesis, desapariciones misteriosas y un enigmático proyecto de la CIA que aún causa morbo –el polémico MKUltra–. Lo mejor de Alien y Metroid se fusiona en una bestia ejemplar. Luego, tenemos el factor humano: la entrañable amistad de Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo) y Lucas (Caleb McLaughlin). Tres pulgas extraviadas en el bosque.

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Sentirse raro y no encajar, perder un ser querido y buscarlo desesperadamente, comprometerse con una causa y llevarla hasta sus últimas consecuencias; estas son sólo tres coordenadas que Stranger Things formula en su tour de emociones neón. La ausencia de Will desemboca en un viaje fantástico que rinde homenaje a los héroes sin superpoderes, a los chicos de los suburbios, al casi transparente ciudadano promedio. Lo verdaderamente épico es el atrevimiento de personas normales que logran sobreponerse a sus pavores y luchan contra el mal dondequiera que se encuentre, llámese CIA o Demogorgon. Que prenden sus luces de invierno, como Joyce Byers (Winona Ryder en su glorioso regreso), y lloran junto a un teléfono carbonizado. Que saben cuándo romper con un hacha la pared.

Bastaron 246 palabras, un estupendo casting, una lúcida recuperación del imaginario ochentero –incluida la música– y el intro más elegante y minimalista de 2016 para que la obra de los Hermanos Duffer lograse, desde su primera temporada, la categoría de serie de culto.

Stranger Things

Larga vida a los monstruos interdimensionales

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