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¿QUIÉN DIABLOS ES XAVIER DOLÁN?

Hoy todo el mundo habla de Xavier Dolán. Su nombre excesivamente manoseado se menciona aquí y allá como sinónimo de enfant terrible, el chico rebelde del cine o el pretencioso y arrogante que arrasa en todos los festivales internacionales. Su fama está creciendo a niveles de cineastas ultra mediáticos como Lars Von Trier, con fanáticos recalcitrantes y otros que lo aman o lo odian en igualdad de condiciones… pero a todo esto ¿quién es Xavier Dolán? ¿Un producto más de la publicidad y el marketing cinematográfico? ¿Una simple fachada sin nada sólido detrás? Eso opinan los escépticos, pero Xavier Dolán es mucho más que el cineasta de moda, es un artista, dueño de un estilo definido con un abordaje único, original, innovador e intimista de las relaciones interpersonales y familiares.

A pesar de su juventud, el cineasta québecois de apenas 25 años de edad, tiene ya a sus espaldas cinco largometrajes y actualmente está enfrascado en la producción del sexto. A lo largo de esta prolífica trayectoria ha sorprendido a propios y extraños con un cine fresco, joven, cercano, lleno de atmósferas y conflicto, un cine que sacude y conoce el camino hacia el alma del espectador.

Su debut en 2009 con J’ai tué ma mère (Yo maté a mi madre), ya auguraba un futuro prometedor. El filme obtuvo más de una decena de reconocimientos internacionales de festivales como Cannes, Rotterdam, Toronto o Vancouver y desde entonces Dolán se ha convertido en uno de los cineastas favoritos de estos certámenes cinematográficos. Y cómo no serlo si sus filmes, producidos, escritos, dirigidos e incluso en su mayoría actuados por él son producciones sumamente cuidadas donde ahonda en lo más profundo de la naturaleza humana. Punto aparte es la música. La música en los filmes de Dolán es casi tan importante como la historia en sí misma, es un personaje más que comunica, que nos transporta y que nos mimetiza emocionalmente con la película y su propuesta.

Hace un par de semanas que en la cartelera nacional se puede ver Mommy, su más reciente largometraje, ganador del Premio del Jurado en Cannes, filme en el que el director se supera a sí mismo tras su trabajo previo Tom en el granero, donde fuimos testigos de su capacidad para construir atmósferas terriblemente inquietantes y perturbadoras en una historia acerca del amor obsesivo y la represión de los instintos. En Mommy, Dolán vuelve a sumergirnos en una situación compleja donde los sentimientos son llevados al límite en una historia desgarradora que narra el conflicto de una madre soltera que debe hacerse cargo de su problemático hijo adolescente afectado por el TDHA (Transtorno por Déficit de Atención e Hiperactividad). Su enfermedad le provoca ataques de violencia incontrolable que afectan la convivencia diaria con la madre, pero no obstante, a pesar de su inestabilidad emocional, su comportamiento de vándalo e inadaptado, Steve es un chico sumamente tierno, inocente y vulnerable. Mommy es una película brillante en todos los sentidos. De esos filmes que terminan y uno quiere volver a ver una y otra vez. Dolán lo filmó en 35 mm en un formato cuadrado, asfixiante, restringido, opresor como la vida de los personajes que retrata, atrapados en una situación aplastante. Este pequeño detalle aparentemente menor, es un recurso estético importante que incide directamente en la historia narrada, ya que en los destellos de felicidad, el cineasta canadiense abre el formato y ocupa toda la pantalla con la libertad de sus personajes que al ritmo del clásico noventero de Oasis, Wonderwall, disfrutan de esos pequeños momentos de alegría en un mundo hostil que los rechaza y segrega.

Para Dolán, la música es el alma de sus películas. No es de extrañar entonces que Mommy sea un deleite también para los oídos con tracks de Dido, Celine Dion, Andrea Bocelli o Lana del Rey que dotan de mayor intensidad y dramatismo a una historia inmensamente conmovedora acerca del amor, la amistad, el abandono, la crisis existencial y la identidad. Mención aparte merecen los actores, ambos, la madre, interpretada por Anne Dorval, con quien Dolán ya había trabajado en su ópera prima Yo maté a mi madre, como una mujer en sus cuarentas, viuda, inmadura e irresponsable, y Antoine-Olivier Pilon, quien brinda una interpretación sorprendente del conflictivo protagonista con una naturalidad asombrosa, dotándolo de matices que generan una gran empatía con el espectador.

Mommy es un filme emocionante, conmovedor, un banquete fílmico para el espectador que gusta del mejor cine, aquel que no lo deja indiferente.

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