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POLÍTICA E IRÁN IRRUMPEN EN LA BERLINALE

Berlín, Alemania | AFP | por Sophie LAUBIE / Deborah COLE

La Berlinale aplaudió este viernes el estreno de “Taxi” de Jafar Panahi, una película sobre Teherán del disidente iraní cuyo sillón permaneció vacío en Berlín porque no puede salir del país.

El cineasta de 54 años es celebrado por los cinéfilos en todo el mundo pero está prohibido en Irán, donde el régimen considera subversiva su visión crítica de la sociedad.

Panahi fue detenido a causa de un documental que estaba rodando sobre los disturbios en torno a la controvertida elección presidencial de 2009 y se le prohibió hacer nuevos filmes durante 20 años “por atentar contra la seguridad del Estado y acto de propaganda contra el régimen”.

“Taxi” es su tercera película que realiza contraviniendo esa condena, y aunque no pudo pisar la alfombra roja en Berlín ni viajar al exterior recibió en la capital alemana un sólido espaldarazo a su voluntad de seguir produciendo en desafío a los riesgos.

“Soy un cineasta. No puedo hacer otra cosa que no sea hacer películas. El cine es mi modo de expresión y la razón de mi vida”, dijo. “Por eso tengo que seguir haciendo películas bajo cualquier circunstancia”.

En “Taxi”, Panahi ofrece sus impresiones de la Teherán contemporánea a través de las ventanillas de un taxi amarillo.

Cada pasajero que recoge tiene una historia para contar.

En el primer viaje, dos personas que no se conocen y van al mismo lugar debaten sobre la sharia (ley islámica) y la pena capital.

El hombre afirma que los ladrones de autopartes deberían ser colgados, mientras que la docente sentada atrás asegura que la aplicación de la pena de muerte no es eficaz para imponer el orden social.

“¡Después de China somos los que tenemos mayor cantidad de ejecuciones!”, protesta, mientras se acalora la discusión.

A través de sus historias, sus puntos de vista, los pasajeros del taxi hablan mucho de la realidad del país.

 

– ‘Cine dentro del cine’ –

 

A menudo graciosa, la película lo es por el colorido de sus personajes y por las situaciones. Algunos pasajeros reconocen al realizador, otros sospechan que no es un verdadero taxista.

En un momento aparece un hombre que dice reconocer a Panahi y entonces comienza una película dentro de la película en la que el hombre, que vende DVDs pirateados, bromea con Panahi acerca de la calidad como actores de los pasajeros anteriores.

La película, seleccionada entre los 19 filmes que compiten por el Oso de Oro, es la tercera rodada por Panahi en desafío a las autoridades, tras “Esto no es una película” y “Pardé”.

Condenado a seis años de cárcel y 20 años de prohibición de hacer cine o viajar, el cineasta recuperó luego una libertad precaria que le permite rodar clandestinamente, pero no salir del país.

El director de la Berlinale, Dieter Kosslick dijo la semana pasada que el festival “seguirá invitándolo hasta que pueda salir”.

Panahi se consagró en sus películas como un observador comprometido de la sociedad. Representante de la “Nueva Ola” del cine iraní, junto a Abbas Kiarostmi, de quien fue asistente, Panahi ha recibido varios premios en los festivales internacionales.

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