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“LECCIONES DE ARMONÍA” SE PRESENTÓ EN BERLINALE

Emir Baigazin, el joven cineasta kazajo presentó el jueves, en el concurso por el Oso de Oro de la Berlinale, “Lecciones de armonía”, un filme sobre la violencia y la extorsión en un colegio de bachillerato, donde los alumnos más fuertes despojan a los más débiles a la hora del recreo.

Aslan, de 13 años, interpretado por el actor Timur Aidarbekov, es el héroe de esta historia. Vive en una ciudad de provincia de Kazajistán con su abuela y a veces participa con ella en el sacrificio de una oveja. Es alguien muy inteligente, bueno para las matemáticas, introvertido, flaco, nada deportista.

Bolat, uno de sus compañeros, el brutal jefe de la banda que extorsiona, le tiene ojeriza y ordena que nadie le dirija la palabra. Un día agrede a patadas al mejor amigo de Aslan y es cuando éste comienza a fabricar, a escondidas en los talleres del colegio, un revólver que terminará por usar.

La trama de “Lecciones de armonía” pasa sutilmente de la vida personal e íntima de Aslan, de sus experimentos con cucarachas y lagartos en el “laboratorio” de su cuarto, a los patios del colegio y las aulas de clase.

Una de las lecciones a las que asistimos trata de las teorías de Darwin con respecto a la lucha por la vida y la supervivencia, que empuja a los individuos más fuertes a sobrevivir imponiéndose a los más débiles.

“Me inspiré en experiencias personales, en la vida de los jóvenes con los que compartimos ese pasado en el colegio, a la edad de los trece años. Tenía esa idea del tema, comencé a reflexionar y a desarrollar la dramaturgia”, declaró Baigazin, cuya película es una de las más serias aspirantes a ganar el Oso de Oro.

“Es una historia que ocurre en la provincia kazaja, no en una gran ciudad. No quería hablar en particular de la religión musulmana ni del derecho de las estudiantes a usar el velo islámico en el colegio, porque eso podía ser malinterpretado. Cuando uno se mete con ese tema de la religión se puede perder”, aclaró.

En el filme, sin embargo, se comprende que “el malo” de Bolat extorsiona a sus compañeros por orden de unos militantes islamistas que necesitan dinero para sostener a sus presos políticos.

“Mis intenciones no eran hacer un filme de denuncia política. Es complicado vivir en la provincia. Ese sistema de extorsión existe y la brutalidad en los colegios es así, los más fuertes le quitan dinero y objetos a los más débiles, los chantajean”, dijo.

“Los adolescentes no les dicen nada a sus padres, sus problemas los hablan con los otros compañeros. Quería expresar la no participación de los adultos, que están ocupados con sus propios problemas. Pienso que es una historia universal más que individual”, recalcó.

“La motivación es sobrevivir. Vivimos en un mundo donde te empujan a sobrevivir. No quería mostrar demasiada emoción”, aclaró.

“La enseñanza en Kazajistán es de un buen nivel. En la provincia se habla kazajo y en las grandes ciudades ruso. No deseaba mostrar el mundo de los profesores, no me interesaba”, añadió.

El joven Aslan será detenido tras la muerte de Bolat -un asesinato que no se ve- y torturado por la policía para que confiese.

“No quería mostrar el tema de la violencia en las prisiones en particular. Con los criminales no se puede hablar otra lengua. Personalmente estoy en contra de la tortura, pero debemos reconocer que la violencia es cotidiana en todas partes y los policías utilizan ese lenguaje con los criminales para hacerlos hablar. La violencia está en el fondo de nosotros. Llegamos con dolor y nos vamos con dolor”, dijo.

“Cada día uno se despierta con una esperanza y una tristeza. La vida es un ciclo. Cada dolor te deja una experiencia. El sacrificio de la oveja es un crimen también. Y eso que el director de fotografía es vegetariano. No quise mostrar la muerte de Bolat en el colegio, lo que me interesaba era mostrar cómo nace el pensamiento, las ganas de matar a alguien, cómo se llega a eso”, puntualizó.

jo/ahg
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