Cine

Georges Méliès, el vanguardista mágico del cine

Marie Georges Jean Méliès nació en París en 1861, hijo de un fabricante de zapatos de renombre, y aunque siempre tuvo inclinaciones artísticas, su familia le haría ver que su obligación era hacerse cargo del negocio del calzado, y a esa labor estuvo dedicado hasta 1888, año en que compraría el teatro Robert Houdin.

Méliès entonces decidió dedicarse al teatro, específicamente al ilusionismo, hasta que en 1895 fue invitado por los hermanos Lumière a una de las primeras presentaciones de su invento, el cinematógrafo. La mente incansable de Méliès supo ver desde el primer momento las posibilidades narrativas y de entretenimiento que este aparato podría proveer, y así fue que lo adquirió, y le realizó modificaciones para emplearlo de manera innovadora e inesperada.

Sus imaginativas creaciones inicialmente utilizaban trucos visuales para presentaciones de ilusionismo, y poco a poco se transformaría en el más popular y referenciado de los creadores del primer cine, verdaderamente adelantado a su tiempo, empleando sustitución de imágenes, sobreimpresiones, juegos de perspectiva, desdoblamiento y coloreado a mano del filme (fotograma por fotograma); trucos que tomarían mucho tiempo para volver a ser empleados –tiempo necesario para la maduración del público de la cinematografía–.

Las creaciones de Méliès gozaron de un éxito moderado en su momento, breve periodo que se vería interrumpido por el comienzo de la Primera Guerra Mundial, ya que a partir de entonces todas las inversiones y el financiamiento que había conseguido anteriormente para sus filmes fueron cancelados. En franca depresión, el mismo Méliès destruiría gran parte de su obra, otra porción sería confiscada por el ejército francés, y un amplio porcentaje sería deteriorada por el paso del tiempo, así que de los más de 500 filmes creados por la mente vanguardista de Méliès se conservan menos de 200, muchos de ellos sólo parcialmente.

Méliès

En 1923, Méliès se había retirado completamente del cine y el teatro, vivía de la venta de juguetes y baratijas en un puesto de la estación de trenes hasta que fue reconocido por un periodista, director y crítico de cine, quien intentaría darle el reconocimiento merecido a sus creaciones.

El auge del surrealismo en París lograría que el trabajo de Méliès tuviera una segunda vida. El original creador finalmente sería reconocido con la Legión de Honor de Francia en 1931, y fallecería en 1938; para entonces, gran parte de su obra se había perdido.

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