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El otro grande del cine japonés: Shohei Imamura

El otro grande del cine japonés: Shohei Imamura

Shohei Imamura nació en Tokio en 1929, y es reconocido como uno de los más importantes directores japoneses. A pesar de haber ganado varios premios en el circuito de festivales internacionales, el éxito en taquilla lo eludió. Las audiencias Occidentales prefirieron durante mucho tiempo la acción de los filmes de Akira Kurosawa.

El trabajo de Imamura se caracteriza por abordar temas mucho más terrenales, inclusive obscenos, que revelaban los crudos fundamentos de la sociedad japonesa: no el código del samurái o el rigor de las ceremonias de té, sino algo mucho más primitivo y fecundo. Imamura descubre este elemento en el lado más rudo de la vida: los criminales, los proxenetas y los pornógrafos, pero especialmente en sus indomables y decididamente poco elegantes heroínas. Esta búsqueda por lo primitivo da a los filmes de Imamura un aspecto tanto de estudio antropológico como de crítica de la modernidad y el capitalismo consumista.

En los años 70, la industria del cine japonés atravesó una crisis que impidió a Imamura hacer películas, así que fundó una escuela de cine e hizo documentales para televisión antes de su triunfante regreso a la pantalla grande con La venganza es mía (1979). En las décadas siguientes, ganaría dos Palmas de Oro en el Festival de Cannes con La balada de Narayama (1983) y La anguila (1997), y es, hasta la fecha, el único cineasta japonés en haber conseguido dos de estos galardones.

Imamura moriría a los 79 años en su natal Tokio, habiendo dirigido un total de 25 películas, casi todas ellas recibidas con gran éxito en Japón.

 

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