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EL FILME PSIQUIÁTRICO “LA PAZ” SE PRESENTÓ EN BERLINALE

“La Paz” película del director argentino Santiago Loza, proyectada en la Berlinale, es la historia de un joven de clase media alta que sale de una clínica psiquiátrica, creyendo que está curado, pero cuyas visiones de cielos en sangre y fuego, ligadas “quizás” a la dictadura militar en Argentina, lo siguen atormentando.

“Una persona cuando está mal percibe ciertas cosas de su entorno. No hay una relación directa con la historia argentina, con la época de la dictadura. Eso nos duele mucho como para hacer una referencia tan pequeña, pero es evidente que lo que pasó hace 30 años tiñe la historia”, declaró Santiago Loza.

Liso, interpretado por Lisandro Rodríguez, es joven, esbelto y bien parecido. Sus padres son acomodados, viven en una casa lujosa y tienen una criada boliviana, Sonia, encarnada por Fidelia Batallanos Michel.

La madre (Andrea Strenitz) y el padre (Ricardo Felix) tratan de hacer todo para que él se sienta bien al salir de la clínica psiquiátrica. Al comienzo parece que todo anda bien, pero luego vuelven esas visiones que lo atormentan. Un día toma el revolver de su padre y comienza a disparar contra los objetos de la mansión, amenazándolos a todos.

La única que lo logra calmar es Sonia, la boliviana. Entre los dos nace una incipiente historia de amor que llevará a Liso a dejar Buenos Aires y viajar con ella a La Paz, donde al final parece recobrar la razón.

“Honestamente no sé cuál es el origen del filme. Siempre me ha conmovido las relaciones que los jóvenes de clase media alta tienen con las empleados del servicio. Ellas son invisibles, pero a veces pueden tomar el papel de la madre”, dijo Santiago Loza.

“Vengo haciendo películas melancólicas, oscuras. Esta vez ‘La Paz’ es melancólica, pero con algo luminoso. Quería que fuera una historia simple”, explicó el realizador, conocido por películas como “Cuatro mujeres descalzas” (2005) y “La invención de la carne” (2009), entre otras.

“Me llaman la atención los personajes que se han salido de la realidad, del sistema de la vida cotidiana…alguien que estaba quebrado, derrotado, y trata de volver a ser parte del mundo… este filme está basado en vivencias personales, la historia de alguien que no se siente parte del mundo cada tanto”, dijo.

“Me resulta más fácil desarrollar personajes femeninos. El padre de Liso tiene esa carga de agresividad masculina, aunque trata de acercarse a él. Creo que la mujer tiene una sensibilidad frente al dolor que el hombre no tiene”, añadió.

“Me interesa el tema de lo que se llama la enfermedad mental, pero es algo limitado al momento de plantear una ficción. Pienso que salirse de la realidad, lo que se llama locura, es algo que no se puede entender”, recalcó.

“Me conmueve ver cómo a veces las personas se evaden de la realidad cotidiana, van en el colectivo mirando por las ventanas, su imaginación los lleva lejos, tienen líneas de fuga, eso se acepta en la vida real pero en la ficción se nos exige siempre acción”, explicó.

El actor Lisandro Rodríguez dijo que había conocido a Santiago Loza en la Escuela de Dramaturgia de Buenos Aires.

“Nos hicimos amigos y comenzamos a trabajar juntos. Tenemos una sala de teatro pequeña, para 30 personas. Santiago es dramaturgo y yo dirijo sus obras en este teatro. Comenzamos a pensar en este filme, fui entendiendo mi personaje poco a poco. Él tiene un fuego interior muy fuerte y busca casi con desespero conservar una calma externa”, explicó.

El director contó que “la película está pensada en torno a Lisandro, a su vida, la casa donde él vivió durante su infancia. Es una pequeña fábula a partir de su historia. Su abuela, que tiene 90 años, aceptó participar en el rodaje y subirse a la motocicleta para dar una vuelta con él”.

“¿Por qué tantos primeros planos? Me enamoro de ciertos rostros. Ciertas caras tienen en la piel huellas, elementos que no se pueden actuar, que el actor sólo puede dar con su piel. Con esos primeros planos busco acercarme a la identidad del personaje”, dijo Loza.

“Trabajo con actores de teatro que no son conocidos, no son actores convocantes, no trabajan en la televisión”, reconoció.

“Yo no conocía La Paz antes de filmar allí, era casi un pretexto para ir allá. Pensé que una ciudad que se llamaba así debía tener algo especial. La Paz funciona como una suerte de epílogo que tiene que ver con la ilusión de una vida posible, un poco como un final feliz casi imposible”, dijo Loza.

En lo últimos minutos del filme se ve Liso dando clases de aritmética a unos niños bolivianos. Su madre viene a visitarlo y le dice: “Te veo bien aquí en La Paz… pero ¿acaso no sabes que en Argentina también hay niños pobres?”.

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