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El drama del mafioso honrado

Tras su paso por una decena de festivales donde se llevó varios premios de la crítica, en su mayoría en Estados Unidos, A Most Violent Year (El año más violento), llega por fin a las pantallas nacionales con una historia poco convencional: la del mafioso honrado. Quizás es este punto el que salva a la cinta de ser una imitación más de Los Soprano. Aquí estamos ante la presencia de un antihéroe o más bien antivillano: el gángster que no se considera uno, aquél que se sabe un ciudadano honesto que se rige por sus valores, busca siempre hacer lo correcto, en su beneficio claro está, el que a pesar de cometer fraudes y evadir impuestos se siente convencido de su rectitud aunque se halla metido hasta el cuello en un mundo violento y corrupto donde debe pactar con otros mafiosos, esos sí, pesos pesados, no blandengues como él. ¿Es acaso esto posible? ¿Ser un mafioso de clóset, tratar de levantar un negocio por el camino de la legalidad y recibir amenazas, boicots, y extorsiones de poderosos gángsters dispuestos a matar ante la primera provocación? Y no olvidemos en esta ecuación las presiones de una policía y un Estado tan corruptos como los criminales que persiguen.

Todo ello da como resultado un drama sólido con tintes de film noir que mantiene el interés del espectador y lo somete a distintas posturas sobre el protagonista que van mutando al tiempo que avanza la trama y nos exhibe la mezquindad, el egoísmo y la ambición de un hombre capaz de todo con tal de superar a sus competidores y detentar el poder absoluto a su manera.

1981. Nueva York es azotada por una ola de violencia. Asesinatos, violaciones, robos y toda clase de delitos se suscitan tanto en el Bronx como en Manhattan; acuchillados en callejones, adolescentes mutilados en las aulas, macabros hallazgos en el metro, mientras la policía demuestra su ineptitud y las mafias se aprovechan de la situación para hacer negocios. Cualquier parecido con la realidad que vivimos es mera coincidencia. En este contexto habitan Abel y Anna Morales, una pareja dueña de una empresa de combustibles, un negocio muy rentable, fuente de alimento de muchas sanguijuelas. Al incrementar sus ganancias, Abel y Anna son víctimas de sus desleales competidores que atacan sus camiones, hiriendo a sus conductores y robándoles cientos de litros de combustible. A pesar de vivir rodeado por la violencia como algo cotidiano, Abel se niega a proveer a sus conductores de armas para protegerse ante los delincuentes y cree que con palabras y poner la otra mejilla la situación se solucionará por arte de magia. Error, si vas a jugar en las grandes ligas de la mafia debes hacerlo a su modo, no con guante blanco y por ello pagará las consecuencias.

El director, JC Chandor, para quien éste es su tercer largometraje, logra confrontar al espectador con un protagonista lleno de matices, interpretado convincentemente por el guatemalteco Óscar Isaac, a quien vimos recientemente en la maravillosa A propósito de Llewyn Davis, de los Coen y quien próximamente estará en Star Wars y en la nueva secuela de X Men. Su contraparte, Jéssica Chastain logra un papel fuerte y dominante como una mujer de armas tomar, con una línea de la legalidad bastante torcida, un carácter decidido e ideas que contrastan con las percepciones de su marido tan bonachón y en ocasiones débil.

No obstante, a pesar de que el filme carece del ritmo y la tensión que debe tener un buen thriller el guión está bastante logrado y apela a la reflexión del espectador. Es una opción interesante que merece verse.

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