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ECOS DEL 23 FESTIVAL DE CINE IBEROAMERICANO DE CEARÁ

Fortaleza, en el nordeste brasileño, es la quinta ciudad más importante del país carioca. Con una población de alrededor de tres millones de habitantes, su actividad primordial es el turismo y no es de extrañar cuando está rodeada por miles de kilómetros de costas cuyas tonalidades van de un azul marino profundo a tonos aqua que se mezclan con otros verdosos que adoptan tintes dorados y rojizos al caer el sol tras un día abrasador. Es septiembre y Fortaleza se alista para recibir no sólo al turismo regular que se pasea por sus playas, hoteles, restaurantes de mariscos y calles de coloridas casas antiguas, sino a los cinéfilos que año con año tienen una cita en uno de los encuentros fílmicos más destacados de Brasil: el Festival de Cine Iberoamericano de Ceará. Hace unos días, del 7 al 14 de septiembre tuve la oportunidad de presenciar no sólo algunas de las mejores películas de países como Uruguay, Argentina, España, México y por supuesto Brasil, sino también de convivir con la gente, la prensa, los invitados a uno de los espacios fílmicos que ha revolucionado la vida cinematográfica del Estado de Ceará.

El Festival nació en 1991 como una muestra de video de producciones de Fortaleza que fue creciendo hasta que en el 95 se erigió como un festival de cortometrajes y largometrajes brasileños. Para 2006, Brasil ya contaba con más de 300 festivales de cine, por lo que el Festival de Cine de Ceará sintió una necesidad de destacarse del resto y volvió a cambiar para transformarse en un espacio de exhibición para el cine iberoamericano, una de las cinematografías de menor acceso en el país y que gracias a este esfuerzo encontró un nicho importante de público y crítica. Desde entonces, el festival se ha consolidado no sólo como uno de los más importantes para encontrarse con lo mejor del cine iberoamericano contemporáneo, sino también como un espacio de exhibición de producciones brasileñas y locales, del propio Estado de Ceará, y de discusión y reflexión en torno al quehacer cinematográfico, con charlas y seminarios que ofrecen al asistente una experiencia fílmica integral.

“Es a través del festival que surgieron las escuelas de cine y que surgió la motivación entre la población para hacer películas y prepararse profesionalmente para ser cineasta”, comenta en entrevista el Director del Festival, Wolney Oliveira y agrega: “El Festival de Cine de Ceará no se preocupa nada más por traer películas buenas o personalidades como Maria de Medeiros sino que es un festival que propicia la articulación política del cine brasileño y latinoamericano, el seminario que estamos haciendo en Unifor es un seminario de legislación y mercado, por ejemplo, el que dedicamos a la discusión de la Ley 12,485 que estipula un 30% de dinero para las producciones del nordeste, del centroeste, y del norte de Brasil es algo muy importante, ya que la recaudación de este año de esa ley son 350 millones de dólares de los cuales el 30% se destina a estas tres regiones, lo que equivale a más de 100 millones… y es a través de estos foros donde surgen políticas públicas a favor del cine que el festival ha logrado colaborar con muchas conquistas de los cineastas del nordeste en relación al panorama audiovisual brasileño”.

Y el apoyo del festival a la cultura cinematográfica regional no se detiene allí. Una vez que el Festival de Cine de Ceará culmina, se realiza a partir de octubre una muestra especial de las películas ganadoras en diversas regiones del campo, ciudades del interior del Estado y del interior de la República, en un esfuerzo por democratizar el cine. “El año pasado tuvimos en la totalidad del festival, teniendo en cuenta el circuito de exhibición que hacemos en octubre y noviembre, más de 40 mil espectadores, donde además de exhibir las películas, también llevamos talleres de cine de animación para niños y adolescentes de las escuelas públicas  de la periferia y del interior del Estado”, comparte mientras habla orgulloso también de la enorme producción fílmica de Ceará que es comparable a la de todo un país, como el caso de Portugal, que produce de 8 a 10 largometrajes por año.

En esta ocasión, en la competencia de largometraje iberoamericano se exhibieron ocho filmes, cuatro ficciones y cuatro documentales de distintas latitudes. Así pudimos ver una diversidad de temáticas y géneros. En el terreno de la ficción se presentó la road movie uruguaya, El rincón de Darwin, de Diego Fernández Pujol, quien resultó triunfador con el Premio al Mejor Guión por esta historia acerca de un trío de hombres diametralmente opuestos que emprenden un viaje juntos más que hacia el lugar donde el científico estuvo hace casi dos siglos, hacia su propio interior; la cubana La película de Ana, de Daniel Díaz Torres, retrato audaz sobre una actriz que realiza un documental de la prostitución en Cuba, del cual decide ser protagonista; y las brasileñas Si Dios viene que venga armado (Si Deus vier que venha armado), de Luis Dantas, retrato muy similar a Ciudad de Dios, donde un triángulo amoroso es protagonista en un contexto de violencia y corrupción por parte del crimen organizado, el filme se alzó con los reconocimientos a Mejor Director, Mejor actor (Ariclenes Barroso) y Mejor Fotografía (Hélcio “Alemão” Negamine); y la arriesgada Soledades (Solidões), del también músico Oswaldo Montenegro que mezcla la risa, la tristeza, la sátira, el documental y la comedia en historias que se interconectan bajo una misma línea narrativa: la soledad en todas sus expresiones.

En esta edición, el ámbito documental fue el más sólido con fuertes contendientes como el mexicano El paciente interno, de Alejandro Solar Luna, una cruda historia acerca del hombre que atentó contra la vida del presidente Díaz Ordaz tras la matanza del 68 y que por semejante traición a la patria fue recluido durante 23 años en un psiquiátrico en condiciones infrahumanas y condenado a una vida de miseria como mendigo en las calles de la ciudad de México. El filme de Solar Luna fue reconocido con el Premio Especial del Jurado por su profunda investigación acerca de uno de los periodos más oscuros de la historia de México y de Latinoamntricos trajesosturas polísus libertadestodo para la  md.ra reencontrarse con los amigos de su madre y descubrir al tiempo que lérica. Por su parte, Argentina tuvo una gran representante en la voz sensible y siempre emotiva de una de las grandes cantoras, como le gustaba autollamarse, a la “negra” Mercedes Sosa. Sus inicios, su intimidad, sus flaquezas y defectos quedan al desnudo en este filme narrado por ella misma y por su hijo, quien una vez que la voz de los oprimidos y marginados se apagó con su muerte en el 2009, realiza un viaje al pasado para reencontrarse con los amigos de su madre y descubrir al tiempo que lo hace el espectador no sólo a la figura sino a la Mercedes de carne y hueso, a esa que vivió el exilio forzoso durante la dictadura en su país, a aquélla que tenía problemas con el alcohol y cuyo verdugo era la soledad. Mercedes Sosa, la voz de Latinoamérica, de Rodrigo H. Vila se llevó el Premio a la Mejor Edición, y una de las ovaciones más largas del público durante su exhibición. Continuando con los documentales biográficos, Brasil también tuvo un destacado representante en la leyenda de la música Ney Matogrosso, uno de los artistas mntricos trajesosturas polísus libertadestodo para la  md.ra reencontrarse con los amigos de su madre y descubrir al tiempo que lás queridos y admirados del país sudamericano y a la vez uno de los más transgresores, controvertidos y excéntricos, dueño de un pensamiento político y crítico contestatario, así como de una sexualidad andrógina demasiado exuberante para la época en la que surgió, en los inicios de los 70. El documental Olhu Nu, de Joel Pizzini, recopila más de 400 horas de material de archivo nunca antes vistos acerca de Matogrosso y fue uno de los que tuvo más aceptación por parte del público que abarrotó las salas del Centro Dragão do Mar de Arte y Cultura, sede principal del festival. Ney Matogrosso acudió el sábado 14 de septiembre a la clausura de la muestra fílmica para recibir el Premio a la Mejor Banda Sonora por su trabajo en este documental acerca de su vida y obra.

Finalmente, de modo discreto se exhibió el documental vasco Emak Bakia, de Oskar Alegría, y me refiero a que fue una proyección sobria dado que no tuvo un gran éxito de asistentes ni de crítica, aparentemente, sin embargo, dio la gran sorpresa al llevarse el máximo galardón, el Premio Mucuripe al mejor largometraje iberoamericano, dotado con 10 mil dólares así como el reconocimiento al Mejor Sonido (Abel Hernández) y los premios de la Crítica y Olhar Universitario. El documental narra a través de un lenguaje y estética experimental la búsqueda de una casa en la costa vasca en la que el legendario artista norteamericano Man Ray hizo su primera película vanguardista, Leave me alone, en 1926. Una propuesta que de acuerdo con mi óptica se queda corta en cuanto a la temática y que podría haber profundizado más en el personaje, equilibrándolo con la búsqueda en sí misma, pero que de todas formas tiene un alto valor visual que conquista los sentidos.

Formatos de ficcieroóvenes preocupados por darle voz a personajes marginados, o bien por retratar situaciones tan complejas como el SIDA, la vejez, la soledad, la sexualidad, entre otras, en formatos de ficción, documental y animación. Una vitrina fílmica a la cultura e idiosincracia de una de las potencias de Sudamérica en donde al igual que en México prevalecen los contrastes.

Por otro lado, tuvimos la oportunidad de disfrutar del talento de una de las actrices, directoras, cantantes y compositoras portuguesas más importantes de aquel país europeo, Maria de Medeiros, quien visitó por primera vez Fortaleza para recibir un reconocimiento a su trayectoria y presentar su más reciente filme, el documental Repare Bem. Asimismo, nos deleitó en la gala inaugural con su presencia escénica y delicada voz al ofrecer un espectáculo lleno de teatralidad y sabor con ritmos que recorren el jazz, la salsa, pasando por el bossanova, el flamenco, la samba, bajo el nombre de su más reciente trabajo, Pájaros eternos, su tercera producción discográfica que presentará en unos días más en el 41 Festival Internacional Cervantino.

Sin duda, el Festival de Cine de Ceará ofrece un abanico de posibilidades para entrar en contacto no sólo con lo más destacado del cine iberoamericano y con sus realizadores, sino que también se trata de un festival con conciencia social que lleva la cultura fílmica a todos los rincones del Estado, y promueve el pensamiento y la reflexión cinematográfica, un esfuerzo que bien vale la pena felicitar y augurar muchas ediciones más.

 

Para mayor información visite www.cineceara.com

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