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Andréi Tarkovsky: el pensador de la imagen

Andréi Tarkovsky: el pensador de la imagen

Además de ser considerado uno de los cineastas soviéticos más importantes del siglo pasado, Andréi Tarkovsky además fue actor, editor, escritor y sobre todo un pensador de la imagen.

No es una coincidencia que su padre haya sido uno de los poetas más importantes del siglo XX cuando, paradójicamente, también a él se le ha llegado a considerar el gran poeta del cine por su extrema sensibilidad para realizar hermosos fotogramas acompañados de diálogos reflexivos que reflejan la búsqueda existencial del hombre y la decadencia de la espiritualidad en la sociedad moderna.

Desde el comienzo de su trayectoria cinematográfica, fue reconocido a nivel internacional por su primer largometraje La infancia de Iván (1962) –una historia que narra la vida de un niño huérfano que pierde sus padres en manos de los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial–, el cual le valió el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia.

A pesar de su pequeña filmografía –en total, realizó siete largometrajes a lo largo de sus 25 años de carrera–, ésta se encuentra compuesta por películas que marcaron la historia del cine de ficción como Solaris (1972), la monumental biografía de Andréi Rublev (1966), un pintor ruso del siglo XV; El Espejo (1975), una película íntima y sumamente personal porque contiene fragmentos de su propia vida; Nostalgia (1983), el primer largometraje realizado fuera de la Unión Soviética; y Sacrificio (1986), su último largometraje que es considerado por muchos como el que mejor refleja su teoría cinematográfica.

Posiblemente, el más importante legado que dejó el director de cine ruso, antes de morir prematuramente por un cáncer de pulmón a los 54 años de edad, fue su libro Esculpir en el tiempo: reflexiones sobre el arte, la estética y el cine (1986).

Esta magna obra es un compendio de notas personales y un repaso de su carrera, pero sobre todo, un análisis de su propio oficio: el cine. En ella expone lo que sería su propia teoría cinematográfica que consiste –como su mismo nombre lo indica– en la capacidad de fijar el tiempo en el espacio. 

La idea de que el cineasta debe esculpir el tiempo para dejar al descubierto la imagen cinematográfica tiene origen en las premisas dramáticas de Aristóteles que proponen concentrar una historia en un sólo día “solar”, es decir, desde que sale el sol hasta que vuelve a hacerlo en algún momento.

Sus películas son verdaderas obras de arte, no sólo por su composición visual, sino también porque plantean conceptos filosóficos que causan profundos cuestionamientos. Dicho esto, más que un hacedor de imágenes, Tarkovsky, fue un pensador que generaba conceptos a partir de las imágenes, o como él diría, fue un escultor del tiempo.

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