Cultura

Marimar Suárez escribe sobre ASCO: ELITE DE LO OSCURO, UNA RETROSPECTIVA 1972-1987 EN EL MUAC

“En 1942, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos establece junto con México el Programa Bracero, para cubrir la demanda de mano de obra del país del norte, en particular en el sector agrícola y de cultivo.”[1]Este programa desarrollado en conjunto con el gobierno mexicano, que después fue fuertemente criticado por la explotación y la violación a los derechos humanos y laborales de los inmigrantes mexicanos en territorio americano, es la premisa más importante para contextualizar el inicio de la comunidad Chicana en Estados Unidos. Más adelante, en la década de los sesenta, dicha comunidad se vería en la necesidad política de estructurar una identidad  comunitaria y valerse del arte –en gran medida- para hacer una movilización política y luchar por sus derechos. Aun así –contrario a lo que algunas personas piensan- no es un grupo culturalmente homogéneo pues la identidad a la par del movimiento político fue transformándose a lo largo de los años. De tal manera, la lucha política de la comunidad chicana –y con ella sus distintos procesos identitarios- puede identificarse de 1965 a 1990 aproximadamente.

Una de las clasificaciones del arte chicano más referidas es la propuesta por Ybarra-Frausto (1996), la cual se divide en dos etapas. La primera, de 1965 a 1975, es considerada la etapa de iniciación y creación de un proyecto: el muralismo que surgió como reflejo y consolidación del Movimiento y brazo de la lucha por la autodeterminación. La segunda etapa de 1975 a 1990 es la neutralización y recuperación del proyecto iniciado en la primera etapa, frente a las condiciones cambiantes de la comunidad chicana.

Los primeros años del Movimiento chicano, de 1965 a 1975, constituyen la etapa en que la plástica chicana abarcó de forma muy significativa tanto una posición estética como una política, caracterizada por el activismo de los artistas. Para ello rescataron fuentes vernáculas como almanaques, altares, estampas religiosas, calendarios, carteles, etc., con base en una propuesta mexicana, lo cual codificaba la forma chicana prototípica de ver la vida y entender el mundo.

La segunda etapa, de 1975 a 1990, surge como consecuencia de los cambios estructurales de la comunidad chicana, frente a lo cual los artistas se vieron obligados a modificar su estrategia, vía la institucionalización de su producción artística. Se trata del replanteamiento de la identidad comunitaria hacia una noción más incluyente, quizá posnacional, que contempla la inserción del arte chicano en las formas artísticas universales y la adopción de elementos multiculturales como parte de su identidad. Esto se debe a que la identidad chicana, como cualquier otra, no era uniforme, homogénea y estática.

En algunos casos se trató de un revisionismo sobre el contenido político de sus obras, característico de las dos décadas anteriores, y las interpretaciones estereotipadas que se habían generado; como consecuencia de lo anterior, se despertó un deseo de pasar a otras formas de expresión, con un discurso de identidad distinto, tal fue el caso del colectivo ASCO, formado por Gluglio Grunk Nicandro, Willie Herrón, Patssi Valdéz y Harry Gamboa Jr., así como de los artistas Carlos Almaraz, Celia Álvarez Muñoz y Yolanda López (Zamudio-Taylor, 1999; Barn, 1996).

En este sentido, ASCO “es un colectivo de arte conceptual y performance que trabajó en Los Ángeles de 1972 a 1987.  El  grupo de  artistas estaba compuesto por Harry Gamboa Jr., Gronk, Willie F. Herron III y Patssi Valdez. Tomando su nombre de la contundente palabra  castellana (sic) que designa la repugnancia y la náusea, Asco se dedicó a través del performance, el arte público y multimedia a responder a los  periodos de turbulencias socio-políticas  en Los Ángeles y en el contexto internacional. El colectivo de arte se mantuvo activo hasta mediados de 1980, ampliándose para incluir a artistas como Diane Gamboa, Sean Carrillo, Daniel J. Martínez y Sandoval Teddy, entre otros.”[2]

La demanda política, la crítica y diferenciación estética con las propuestas chicanas anteriores, así como el señalamiento a la marginación de que eran victimas los latinos, se hizo a través de performance (las No-Películas), video, escultura y pintura, todo lo cual forma parte de la exposición, acompañado por un muy buen trabajo de contextualización histórica, tanto en el marco político como en el marco estético.

Un tema central del discurso de ASCO –reflejado principalmente en sus No-películas-  fue la exclusión sistemática del arte chicano como parte integral del arte contemporáneo o su marginación al ser clasificado precisamente como arte chicano. Desde esta perspectiva, lo que algunos artistas de las primeras generaciones, como Amalia Mesa Bains (1993), podrían considerar un éxito del movimiento artístico de las décadas de los sesenta y setenta, fue visto como un fracaso por algunos artistas de la segunda generación. Un ejemplo de ello es la reacción de éstos frente a la creación de centros culturales chicanos y latinos (tanto museográficos como universitarios)  que formaron parte de la respuesta estadounidense frente a las demandas de los grupos minoritarios. Para Guillermo Gómez Peña y Daniel J. Martínez, la existencia de dichos centros y el esquema de democracia cultural implementado en Estados Unidos a partir de 1970 no implican que el racismo haya sido erradicado, por el contrario, dichos mecanismos corren el riesgo de convertirse en medios para disfrazarlo.

En este sentido, Asco: Elite de lo oscuro, una retrospectiva 1972-1987 , al ser la primera exposición del colectivo, y ser originada y presentada en el paradigmático Museo de arte contemporáneo de Los Ángeles LACMA, puede considerarse un gran triunfo de ASCO y de los trabajos de los chicanos de esta segunda etapa. Llama la atención e invita a la reflexión sobre los procesos culturales y de inclusión de Estados Unidos el que el espacio museográfico se haya abierto casi 30 años después del fin del colectivo. De hecho, ASCO grafiteó las paredes del LACMA en su momento con los nombres de los artistas para señalar la exclusión de la que eran victimas. Una conquista tardía pero aún conquista, la muestra es un homenaje a la lucha política y a la propuesta estética de uno de los colectivos de performance y arte de vanguardia más importante de su época, aunque en su momento lo hayan sido al margen del discurso contemporáneo, en todo caso ¿qué otra opción queda para un movimiento activista?

 


[1] Texto de sala, Asco: Elite de lo oscuro, una retrospectiva 1972-1987, MUAC 2013

[2] texto de introducción , Asco: Elite de lo oscuro, una retrospectiva 1972-1987, MUAC 2013

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