Arquitectura

UN NUEVO EDIFICIO PARA UN MUSEO MÁS ACCESIBLE POR MARIMAR SUÁREZ PEÑALVA

En junio de 2013 el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de San Francisco (SFMoma) cerrará sus puertas para comenzar los trabajos de expansión, a cargo de la firma Oslo-neoyorquina Snøhetta. El Director del SFMoma, Neal Benezra, se enfrentó a un problema relativamente común en los museos de arte contemporáneo: la necesidad de transformar su espacio para poder albergar y mostrar adecuadamente todas sus obras. Lo curioso es que dicho problema suele encontrarse en los museos que transitan de mostrar arte pre-moderno a mostrar arte moderno y contemporáneo (pues las características de los espacios de exhibición, iluminación, etc. son muy distintos) o aquellos ubicados en edificios históricos que deben modernizarse para satisfacer las necesidades de exhibición de las nuevas obras de arte. Sin embargo, el edificio actual del SFMoma se inauguró en 1995 y su arquitecto, Mario Botta, aún vive.

Los motivos detrás de la son muy particulares: el museo liderado por Benezra logró una histórica asociación con la Colección Doris and Donald Fisher, a partir de la cual el Museo albergará y mostrará las más de 1,100 obras de 185 artistas que pertenecen a la colección. En términos de necesidades técnicas de exposición,  las obras de la colección Fisher pueden exhibirse en el edifico actual, tal como se vio en la muestra Calder to Warhol: Introducing the Fisher Collection  que se presentó en el 2010, pero el tamaño del Museo es insuficiente para la ambiciosa colección que ahora tendrá en sus manos. La primera pregunta que uno podría hacerse es ¿por qué no comisionar su expansión a Mario Botta?, para después reflexionar sobre los contrastes entre los dos edificios y la intervención a una obra arquitectónica de menos de 20 años de vida.

Según Benezra, “el edificio actual expresa la ambición y admiración que el Museo ha tenido desde 1995, pero la expansión de Snøhettava a hablar en una voz

diferente; es mucho más transparente y mucho más abierto”[1]. Es interesante el énfasis en la transparencia y apertura pues los dos edificios contrastan particularmente en ese aspecto. El edificio de Botta emerge hacia adentro mientras que el de Snøhetta emerge hacia afuera; el primero está hecho de tabique y granito (principalmente naranja con negro) y el segundo de vidrios y acero (mayoritariamente blanco).

Quizá la respuesta a la primera pregunta está relacionada con que en torno al plan arquitectónico existe toda una renovación estructural en la misión y estrategia del museo. El nuevo edificio contará con galerías de acceso gratuito, diversos espacios de usos múltiples, un importante énfasis en el diseño de espacios para los programas educativos, grandes fachadas de vidrio desde las que se podrán apreciar (aún cuando el museo esté cerrado) varias obras de la colección de gran escala, entre ellas la obra maestra de Richard Serra Sequence (2006). Con la intención de explotar la ubicación del edificio actual y el papel constitutivo que ha jugado el SFMoma –el edificio de Botta no sólo es un ícono de San Francisco sino que a su alrededor se desarrolló todo un circuito cultural que ha transformado el sur de la calle Market– la expansión de Snøhetta será un edificio que pueda circularse de forma intuitiva, recorrerse por dentro y por fuera sin necesidad de haber pagado un boleto de entrada, tendrá multiples accesos, una plaza pública y pasillos y terrazas exteriores que conectarán las calles de su alrededor. Es decir, con esta expansión SFMoma está saliendo hacia fuera y buscando hacer sus colecciones más accesibles para el público de San Francisco, así como asumir con compromiso su papel como institución cultural democrática y plural. Estas transformaciones corresponden a las transformaciones del ámbito cultural: el museo quiere pertenecer y ser disfrutado por toda la ciudad y no sólo por un público especializado.

De nada de lo anterior se deduce que Mario Botta no hubiera sido capaz de diseñar una expansión que cumpliera con los objetivos democratizadores y expansivos (no sólo en cuanto a la estructura sino en cuanto al alcance al público) del proyecto, pero si se entienden los motivos detrás de comisionar la expansión a Snøhetta. La pregunta entonces no es ¿por qué no Botta sino por qué si Snøhetta?

Snøhetta ha puesto el sello de sus diseños en la apertura, flexibilidad y creación de espacios públicos dentro de edificios cuyas funciones o funcionamiento son de carácter privado. Tal es el caso de la Ópera de Oslo en cuyas instalaciones, se asista o no a un espectáculo de Ópera, el público de Oslo puede caminar, descansar, hacer pic-nic y entrar y salir con libertad. La vida que han dado los usuarios a la Ópera de Oslo “ha reforzado el interés de Snøhetta en crear estructuras sin llave, espacios públicos que nunca cierran”[2]. De la misma manera, la expansión de SFMoma dará un acceso sin llave a algunas de las obras del Museo y contará con varios espacios públicos que pertenecerán a la ciudad y no solo  a los visitantes con boleto del museo.

Espacio residual

             The psychology of Space, de David Owen, en la publicación del New Yorker de enero 21 ofrece una rica y fresca introducción al trabajo y filosofía de Snøhetta, de lectura muy recomendable, aquí un extracto… “Durante la presentación de inauguración del edificio (de la Ópera de Oslo), una pareja joven fue descubierta haciendo el amor en el techo del auditorio. Uno de los arquitectos me dijo que él consideró este acto tanto un halago como la consumación del edificio.”[3]


[1] www.sfmoma.org

[2] The psychology of space, David Owen, The New Yorker, Enero 21, 2013

[3] The psychology of space, Owen

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