Cultura

AJUSTE DE CUENTAS

 

La corriente roja avanza con lentitud, penetra y sube por la pendiente de un bosque negro de árboles finos y altos, frisa con su cuerpo una duna blanca para así guarecerse en un cráter, un cráter profundo y siniestro que yace justo en el centro de aquel paraje lúgubre; que tras la entrada de la muerte roja, un hombre de plomo con traje de latón abandona su refugio; entonces, el cráter cierra sus fauces y lo cubre todo con la plétora de árboles oscuro.

La corriente roja avanza rápidamente por los canales de una ciudad pútrida en soledad y miedo, miles de canales conectados en ciertos puntos provenientes de una fabrica similar a la Battersea Power Station de Londres; canales largos y pequeños, con millones de curvas y otros sin retorno, inservibles y algunos bloqueados por basura estelar. La corriente roja discurría a toda marcha, (como una locomotora fuera de control) viajaba en pos de la fabrica, viaja hacia su creador, viajaba a su preparación.

El hombre de plomo con traje de latón viaja a una velocidad extrema y se pierde en el entorno universal, es atraído por un hoyo negro que a su vez mastica una estrella tipo espectral, ambos son devorados; el hombre de plomo con traje de latón experimenta una secuencia de ondas que se pierden en sus pies devolviendo un dolor exorbitante a un bloque de metal y como el efecto de la tercera ley de Newton, el bloque de metal envuelve en un sueño eterno al hombre de plomo con traje de latón, dejándolo perdido en algún lugar de la oscuridad, aguardando su despegue, aguardando su viaje.

La presa yace inmóvil en el suelo húmedo y el persecutor –arropado al estilo detectivesco y con un bombín– sonríe con un revolver en la mano… Mientras tanto en la noche, el cielo llora.

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