Cine

Adolescencia, terrible tormento: La edad atómica

 

Uno de los momentos más difíciles y traumáticos de la vida es sin duda la adolescencia. No somos niños pero tampoco adultos, nuestro cuerpo cambia drásticamente sin previo aviso, el acné acribilla nuestro rostro y derrota a nuestra de por sí baja autoestima, mientras que los sentimientos se agudizan, las hormonas enloquecidas nos dominan y todo, absolutamente todo es un drama en un mundo hostil que no nos comprende.

La ópera prima de la cineasta francesa Héléna Klotz, La edad atómica, captura con bastante fidelidad la esencia de esta fase tan compleja en la figura de dos jóvenes parisinos que salen de antro a romper la noche en la cosmopolita capital francesa. Un par de adolescentes en París, el sueño de muchos. Sin embargo, no es el París del glamour de las revistas de alta costura, o de los comerciales de lujosos perfumes o el de las fotos de las guías de viaje, es un París lúgubre, hostil e incluso peligroso. Rainer y Víctor toman un tren hacia la ciudad, un tren para escapar de sus vidas llenas de nada, y no obstante, encuentran más vacío y soledad. La noche transcurre entre luces de neón, música estridente, droga, baile, algún ligue ocasional y una tonelada de aplastante rechazo: Rechazo por parte del sexo opuesto, rechazo del cadenero que discrimina, agrede y legitima la prepotencia, rechazo de los otros adolescentes de estratos sociales más altos que se sienten superiores por su condición económica.

Rainer y Víctor sólo quieren encontrar un lugar en el mundo, descubrir quiénes son y, sobre todo, en qué personas se convertirán. Quieren pertenecer. El suyo es un conflicto tanto existencial como de identidad. Están en la edad del despertar sexual, de arriesgar, esa edad en la que nos sentimos inmortales y no tenemos conciencia de la gravedad de las situaciones y consecuencias de nuestros actos; la edad de no saber muy bien la dirección de la libido. Ambos se aprecian mucho, pero hay tantos sentimientos entre ellos que no saben definir su relación, a veces un tanto gay, a veces de simple amistad. Comparten demasiadas cosas, y la más grande de ellas es la soledad, la ausencia de padres, la indiferencia de la sociedad.

La edad atómica nos invita a hacer un viaje al pasado, a nuestros recuerdos de pubertad, a esas amistades entrañables pero también a esos momentos amargos de confusión y de rechazo, todo en primeros planos que favorecen la intimidad y la cercanía con los personajes, y de forma un tanto contemplativa, quizás en algunas partes, demasiado, lo que desvía un poco la atención del espectador.

El filme se estrenó el pasado 2 de mayo y aún está en cartelera en la Cineteca Nacional.

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