Conciencia

La Tierra: una historia de amor

Hace 45 años —el 22 de abril de 1970— dos jóvenes estudiantes de la Universidad de Wisconsin, en Estados Unidos, organizaron y coordinaron una serie de protestas en contra del deterioro ambiental provocado por fábricas, plantas de poder, pesticidas, autopistas, derrames petroleros y un largo etcétera de factores que, ya en aquel entonces, ponían sobre los hombros del planeta una carga insoportable.

Will Weber y Joan Schwartz habían escuchado las ideas del senador Gaylord Nelson sobre la construcción de un movimiento nacional que organizara a los ciudadanos para encausar sus energías alrededor del problema ambiental. Su idea era dedicar un día de abril a salir a las calles y emprender distintas campañas específicas que escucharan y atendieran al contexto político y social en cuestión de medio ambiente. El día que Will y Joan escogieron fue el 22 de abril. Y, como dicen, de ahí pa’l real.

En el 2009, Naciones Unidas decidió designar el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra obedeciendo a la ya consagrada tradición de celebrar en ese día el Día de la Tierra. El apelativo “Madre Tierra” se agregó al título reconociendo que “es una expresión común utilizada para referirse al planeta Tierra en diversos países y regiones, lo que demuestra la interdependencia existente entre los seres humanos, las demás especies vivas y el planeta que todos habitamos.”

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© Julia Lavigne

El Día de la Tierra se trata, claro, de celebrar nuestra relación con la naturaleza, pero también carga con un oscuro mensaje desde el principio: los seres humanos llevamos mucho tiempo violentando a la Tierra en nombre de nuestro desarrollo. Según el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en su mensaje de este año, “esta dependencia [entre nosotros y el planeta] hace aún más sorprendente, si cabe, que hayamos permitido que el rápido y a menudo imprudente desarrollo humano haya hecho peligrar tantos de los delicados sistemas que llevan funcionando en armonía desde hace milenios. Cada vez somos más conscientes de los estragos que ha causado nuestra especie”. Uf. Duro.

Este año se debe definir la agenda política para el desarrollo sustentable después de 2015. Se espera que los gobiernos más importantes lleguen a acuerdos trascendentes en cuanto al uso de combustibles renovables y se tomen, de una vez, cartas fuertes en el asunto del cambio climático. Nos estamos acercando a un punto de quiebre en el que tomar las decisiones necesarias podría ser aún más difícil y detener la descomposición de nuestro planeta prácticamente imposible.

Y, por supuesto, ese cambio puede y debe comenzar en cada individuo terrestre. Antes que nada, la información , cada vez más a la mano, nos puede poner del lado de la solución y no del problema (hasta donde es posible). Acciones específicas, pequeñas, como el reciclaje o el consumo consciente nos pueden acomodar en una relación de amor con la Tierra y evitarnos la pena de participar en una más bien destructiva y en suma perjudicial para todos los involucrados.

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