Conciencia

CONSERVACIONISTAS PIDEN PROTEGER AMAZONIA

por Luis Jaime CISNEROS

La conservacionista peruano-alemana Juliane Koepcke, sobreviviente de un accidente de aviación en la Amazonia en 1971, instó a la conferencia de la ONU sobre el clima a defender los bosques tropicales de las amenazas del calentamiento global antes de que sea demasiado tarde.

“Ahora es cuando se debe reaccionar y comenzar a actuar, a reducir la emisión de gases efecto invernadero. Es irresponsable fijar plazos, tenemos que hacer ahora algo”, aseveró a la AFP Koepcke sobre la cita de la ONU de diciembre en Lima (COP20) que debe buscar consensos para frenar el impacto en la naturaleza del cambio climático.

“Es tiempo de hacer algo concreto aprovechando la COP20 en Perú”, uno de los países más afectados por este fenómeno climático, insiste esta bióloga que labora con un pie en Alemania en el Museo de Zoología de Munich y otro en Perú donde codirige la estación biológica Panguana en la Amazonia.

Koepcke, de 60 años, acaba de publicar en español ‘Cuando caí del cielo, cómo la selva amazónica me devolvió la vida’, sobre su desgarradora experiencia como única sobreviviente a la caída de un avión con 92 pasajeros en Perú el 24 de diciembre de 1971.

La alucinante odisea le sirvió al cineasta alemán Werner Herzog para el documental ‘Las alas de la esperanza’, donde ella narra los 11 días en la selva que pasó sola hasta que unos cazadores la encontraron.

Asegura que defiende la selva “porque es el territorio que me salvó la vida en 1971 cuando sufrí el accidente de aviación. El bosque me salvó la vida y es al que quiero conservar”.

“Si yo hubiera caído en el desierto o en un glaciar no hubiera sido posible sobrevivir. En la selva tuve sombra, agua, cosas básicas para sobrevivir”, resume.

Koepcke explicó que los bosques amazónicos son importantes “porque acumulan el dióxido de carbono que nosotros emitimos en gran cantidad con carros y aviones, por ejemplo. Eso es uno de los motivos del calentamiento global y el cambio climático”.

“Esos bosques son los que mantienen nuestro clima. Se dice que son el pulmón verde, y es así. Los bosques parecen inmensos pero con la tala y quema, la minería ilegal y la construcción de carreteras están amenazados”, advierte la investigadora.

Además “los monocultivos de soya, palma aceitera, y la coca” también los ponen en peligro, agregó.

Según Koepcke, las conferencias sobre el clima en Varsovia y Copenhague “nos dejaron con dolores de barriga porque lo que discuten, quienes son los más importantes para hacer algo por el cambio climático, se queda en intenciones. No sale nada concreto de esas reuniones”.

“Cuando se corta y queman los árboles ya no hay nada. El bosque no se puede recuperar. Demoraría unos 400 años que vuelvan a crecer grandes. Desaparece el bosque viene la erosión, no crece nada”, describe como quien atisba el apocalipsis de la mano del hombre.

En Panguana, la reserva natural al este de Perú donde trabaja en un laboratorio creado en 1968 por sus padres -también científicos-, el impacto del calentamiento global ya es notable: el nivel del agua está bajando, el bosque se está secando y la temperatura subiendo, describe Koepcke.

“En el verano tenemos cuatro o cinco grados más de calor, y eso es fatal. Dos grados por encima ya es una catástrofe. El río se calienta y algunas especies desaparecen. En ello también influyen la minería ilegal y la contaminación con mercurio”, remata.

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