Conciencia

BREVE GUÍA PRACTICA PARA MEDITAR

Imagina que tu mente es una bestia indomable que pasa por encima de todo lo que se encuentra a su paso, por ejemplo, un elefante salvaje. ¿Cómo hacerle para domarlo?  Podrías pensar quizá en amarrarlo a un poste para que cada vez que intente moverse, –cada vez que pase por un pensamiento a otro sin cesar, te torture con preocupaciones o te presione con asuntos pendientes por resolver -comprenda que no puede hacerlo y que su lugar es ahí, quieto, junto al poste.  En términos prácticos y para el entendimiento de quienes somos principiantes, eso es precisamente lo logras con la meditación.

La meditación te ayuda a domar a la bestia tomando en cuenta que tu mente es el elefante salvaje, el poste el acto físico de la respiración y el lazo la conciencia de dicho acto. Interesante ¿no? Sigue leyendo y verás cómo funciona.

Nuestra mente, por naturaleza, está en actividad constante aún cuando dormimos.  Aprender a aquietar nuestra mente brinda grandes beneficios para nuestra salud ya que, cuando nuestra mente se encuentra hiperactiva experimentamos dosis de estrés, ansiedad, agobio o nerviosismo EXTRA a las que experimentamos en nuestro acelerado día a día.  ¿Quién necesita dosis extra de todo esto? Al contrario, lo que las personas de hoy añoramos son espacios de tranquilidad, espacios de quietud, espacios de paz.

A diferencia de lo que dirían quienes tienen gran experiencia en la práctica de la meditación, yo digo que el objetivo de la meditación no es poner la mente en blanco, sino concentrarnos en nosotros mismos sin distracción, aprender a conocernos, a conectar con nosotros. La respiración es la herramienta que nos ayuda hacer contacto con nuestro interior ya que, al poner nuestra atención en la respiración durante la práctica hacemos a un lado los pensamientos que nos distraen y… ¡logramos meditar!

Seguro te estás preguntando: “Entiendo todo pero… y ¿cómo le hago?”  La respuesta es: Muy sencillo. Para iniciarte en la práctica de la meditación no requieres de equipo especial, lugar especial, ropa especial ni experiencia, solo es necesario querer hacerlo. Eso es todo. Los elementos imprescindibles, al igual que en cualquier otra actividad son constancia y disciplina.  Algún esfuerzo había que hacer ¿no crees?

Si te consideras principiante y estás dispuesto a integrar en tu vida el hábito de la meditación y empezar a disfrutar de sus beneficios, regálate 5 minutos por las mañanas y 5 minutos antes de acostarte y practica, sentado en un lugar cómodo en donde tus pies o piernas toquen el suelo y tu espalda se encuentre en posición recta (te puedes recargar en la pared si lo deseas).  Cierra tus ojos…, inhala por tu nariz y exhala también por tu nariz a un ritmo que te sea cómodo…, lleva la atención a tu respiración…, relaja los músculos de tu cara…, lentamente relaja tu cuerpo y mira internamente hacia tu entrecejo.  Observa qué sucede durante las breves pausas entre cada inhalación y cada exhalación…, es ahí donde conectas con tu interior. Intenta alargar ese espacio y disfruta de la quietud.

Es recomendable aumentar paulatinamente el tiempo que destines a meditar.  Puedes aumentarlo de 5 a 10, 15 o incluso 20 minutos. La idea es que sea algo que sientas que te funcione a ti y que sea una práctica que realmente disfrutes, evita que se convierta en una práctica obligatoria.

Es muy común que durante la práctica, por el simple hecho de estar quietos (cosa nada común en nuestra actualidad), te surjan pensamientos como: “tengo que ir a verificar mi coche, “no le di dinero a mi hijo para comprar lunch en el recreo”, “terminando de meditar me voy corriendo a la junta o al súper antes de que se me haga tarde”, mas no te agobies. Cuando te lleguen pensamientos durante tu práctica, déjalos pasar y amablemente regresa tu atención a tu respiración, no te enganches queriendo resolverlos –ya habrá momento para ello-, sigue respirando y buscando el espacio de quietud.  Poco a poco verás que en la medida en que tu práctica vaya tomando mayor fuerza, serán menos los pensamientos que te distraigan y la experiencia será cada vez más placentera.  Diviértete practicando y añade música cuando así lo desees, repite mantras que sean de tu agrado (en internet puedes encontrar miles) o escucha el sonido de cuencos (bajando una de las diversas aplicaciones que existen para meditar).

Una vez adquirido el hábito, esto es, 21 días después de haber practicado diariamente, los cambios en tu persona serán evidentes, comenzarás a sentirte mucho más relajado, notarás que actúas con mayor serenidad, estarás más alegre, dormirás mejor y tendrás más energía durante el día, esto entre muchos otros beneficios.

¿Qué esperas para empezar?

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