Arte

MUTEK MX 2017: A/Visions 1, sensaciones líquidas de un viaje cósmico

Fotografía por Oscar.

La cita era a las 20:00 horas, pero salí de la oficina con bastante tiempo de sobra, siempre lo hago cuando se presenta un evento importante en mi vida. Pese a ésta y otras medidas, por alguna extraña razón, nunca llego a tiempo. Como si en verdad mi teléfono móvil fuera inteligente, sonó el track idóneo que inauguraba oficialmente el trayecto al primer evento del MUTEK MX 2017.

Creando el plan a cada paso, como todo el desorganizado profesional que soy, decidí ir a comer algo antes que todo. Pasé por un okonomiyaki vegetariano a mi nuevo lugar favorito cerca de la oficina (no, no soy de vegano o algo parecido, sólo se acabó el de tocino). Después, decidí caminar.

Bajaba la noche y no sé si fue la combinación de la caminata, el cigarrillo o Aphex Twin en los audífonos, pero sentí satisfacción de todo aquello. Hace cuatro años, hojeando una revista con medidas nada usuales -un poco más grandes que las de una publicación oficio- y apostando al atractivo visual como carta fuerte, me enteré de un festival de arte y música digital llamado MUTEK.

Esto fue todo un suceso para mí, un freak-geek-foreverartista que se emociona cada vez que un robot aprende una cosa nueva, o un creativo fusiona mil disciplinas en una exhibición abstracta, o… bueno, ya me entienden.

Así me enamoré de tal proyecto, he tratado de asistir cada año al menos a uno de los eventos. Hoy, después de muchas letras, amores, sustancias y hedores, soy editor en esa misma revista, en camino a cubrir mi primer MUTEK.

“Esta será la primera vez que llegue antes a una cita” -pensé emocionado-, una hora antes de lo previsto en realidad, “eso también es impuntualidad”, añadí y alcé mis hombros. La verdad nunca sé qué hacer con mi tiempo, pero esto era mucho peor, pues no había muchas posibilidades más que esperar, o esperar fumando, o esperar comiendo. Elegí la segunda. Poco a poco los asistentes a la primer función arribaron y para mi sorpresa, eran bastante pocos.

Las consecuencias del caos a causa del temblor conocido ahora como S19, sacudió no solo cimientos y estructuras, sino la vida de muchos de nosotros. De hecho, el programa del festival estaba pensado para la segunda mitad del pasado mes de octubre. Varios artistas cancelaron y muchos otros no pudieron reagendar su actuación… uno de ellos fue Darren J. Cunningham, mejor conocido como Actress, un músico negro británico, cuyo sonido merodea la escena Ninja Tune y dance. Algo lamentable sin duda.

Llegó la hora. Con acreditación en mano, ingresé a la antesala del Domo Digital del Papalote Museo del Niño. La barra nos recibió con un trago de cortesía. Estoy trabajando, pero uno no puede dejar de ser agradecido. Rondé por el pasillo. Muchos colegas de labor, muchos invitados especiales, besos, abrazos, saludos efusivos, flashes, música de fondo… “un lugar desconocido, con muchos desconocidos”, me dije, sin dejar de beber mi ron con coco y haciendo el popular gesto de brindis a una apuesta fotógrafa al otro lado del salón.

MUTEK

Fotografía por Oscar.

Después de unos minutos, suficientes para terminar con la bebida, las puertas del domo se abrieron y todos ocupamos nuestros asientos. Me apoderé de uno muy cerca del centro y esperé la función. Los directivos del festival nacido Montreal, Quebec, junto con los líderes de MUTEK en México dieron la bienvenida y “cortaron” el listón del la 14ª edición de la fiesta de arte y música digital.

MUTEK

Fotografía por Mónica Garrido.

Luces apagadas. Me acosté en mi “asiento”… y entonces comenzó.

Hyperform / Max Cooper & Maotik (UK+CA/QC)

“Conozco ese tipo de beat”, exclamé en mi mente. Un sintetizador suave, con intervalos amplios entre cada sonido, comenzaba a llenar el semicírculo arriba de nosotros. Un silencio como pocos no dejaba ningún escape a lo que ocurría. De pronto, una línea de colores metálicos emergieron del centro a un costado de la circunferencia, creciendo y disminuyendo su tamaño en sincronía con el audio. Escuché en la fila ascendente: “¡Qué bueno que fumamos antes!”.

MUTEK

Fotografía por Oscar.

Max Cooper se caracteriza por la finura en su sonido, principalmente los bajos, usando las frecuencias medias y altas como una especie de “electrificación” de los tracks. “Finura espacial”, si me permiten la ambigüedad, podría definir su música. No conocía el trabajo de Maotik, pero puedo decir que este duo, al menos en esta colaboración, logra un trance mental introspectivo, jugando con ilusión óptica y visuales estrambóticos para generar una ascendente experiencia inmersiva. ¿Un set con visuales? Sí, pero al estilo MUTEK.

 

MUTEK

Fotografía por Oscar.

Liquid Architecture / Diagraf, Ewerx & Wiklow (CA/QC)

Y comenzó de nuevo, esta vez con un problema. La bebida de coco estaba causando estragos en mi ya muy deteriorado sistema y exigía rotundamente salir. “No hay tiempo. No dejaré mi asiento”, me sorprendió mi determinación y dejé de pensar en ello. Arriba en el domo, un universo titiritaba… ¿o era yo quien lo hacía?

MUTEK

Fotografía por Oscar.

Cuesta decirlo, pero la segunda proyección se llevó por completo la noche. Cuesta decirlo por Max Cooper, un gran favorito, pero sin duda Liquid Architecture es simplemente una pieza magistral.

Recordé aquello de “¡Qué bueno que fumamos antes!”. Extrañamente, y quizá sólo en esta ocasión, no estuve de acuerdo con ese enunciado. No necesité nada más que entregarme al viaje propuesto para sentir todo el poder de la proyección. Un viaje cósmico sin duda, cuya premisa se denota en edificios y personajes creados con partículas inquietas, que iban y venían, logrando la sensación de recorrido, de lectura, por el Universo.

MUTEK

Fotografía por Oscar.

Por momentos, fui sólo mirada, mi cuerpo me esperaba en otro sitio, lejos del domo, cerca de las estrellas. La sensación envolvente de esta obra es total; gráficos espectaculares, perfectamente sincronizados durante la evolución creativa; escenarios efímeros y sugerencias visuales que entramaban un historia sobre la “edificación”… del hombre, del mundo, del Infinito, recordándonos lo volátil que es toda creación, pero sobre todo, que ello no necesariamente es un defecto.

Palmas y silbidos de agradecimiento nos traían de vuelta a la Tierra. Ya sin la presión de mi cuerpo por librarse del ron, di cuenta que había terminado la cobertura. Tal y como lo había pensado, se trató de un show irrepetible y memorable.

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