Arte

Marc Chagall, la vanguardia que se pintaba con el corazón

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Moishe Segal nació en la antigua Bielorrusia (hoy Belarús) en el seno de una numerosa familia judía trabajadora sin inclinaciones artísticas. Marc Chagall -versión francesa de su propio nombre- señalaría en su autobiografía que la casa de sus padres no albergaba arte de ningún tipo y que era un concepto totalmente ajeno para ellos, pero su vocación le sería revelada al ver a un compañero de escuela dibujar un retrato.

Sus padres no se opondrían a su educación artística, pero jamás encontrarían en ella el sentido práctico. Pese a ello, Chagall consiguió entrar en una escuela de arte donde sería contemporánea de El Lissitky y Ossip Zadkine, quienes más tarde se convertirían también en reconocidos artistas.

Pero el estilo de educación académica que comenzó a recibir no era lo que él quería, así que abandonó la escuela y se mudó a París, ciudad que le inspiró a pintar del modo que ansiaba. Fue allí que desarrolló un estilo colorido, fresco y honesto: una obra con un carácter poético e inspirada completamente por las emociones, los sentimientos y el sentido del humor.

Sin apegarse a ninguna corriente, sus pinturas conjuntaron diferentes estilos vanguardistas; a veces surrealista, simbolista o cubista, pero siempre un reflejo sincero de su vida interna, de sus pensamientos y de los arraigados recuerdos de su infancia.

En 1964, el entonces presidente de Francia, Charles de Gaulle, le comisionaría la decoración del techo de la Ópera de París. Fue un lienzo de amplias dimensiones que representa la música de Mozart, Wagner, Mussorgski, Berlioz y Ravel. Hasta el día de hoy es considerada como una importante fachada de este recinto.

 

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