Arte

La historia de la pintura al fresco y sus ejemplos más emblemáticos

pintura al fresco

Muchas de las obras maestras del arte fueron creadas con el método de pintura al fresco, cuyo origen es prácticamente incierto. Lo que sí se sabe con certeza es que su periodo de esplendor fue en el Renacimiento.

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El fresco es una técnica donde los pigmentos se aplican sobre yeso húmedo para que formen parte integral de él. Este tipo de pinturas se caracterizan por ser muy duraderas. Gracias a este proceso –y a la restauración– muchas de estas piezas -principalmente creadas de de finales del siglo XIII a mediados del siglo XVI- aún se conservan.

Pintar al fresco consiste en varias frases en las que debe prepararse muy bien el sitio (lienzo) donde se va a pintar. Se hace con una base de agua, cal y polvo de mármol. Los artistas tenían que trabajar largas jornadas antes de que el material secara y aunque se pueden corregir detalles en estas condiciones, las pinturas tienden a escamarse.

Los frescos de la Capilla Sixtina pintados por Miguel Ángel o los trabajos de Raphael, como la mundialmente conocida Escuela de Atenas, son algunos de los ejemplos más bellos y monumentales.

Después de su esplendor, esta técnica fue suplantada por la pintura al óleo, sin embargo, no quedó en el olvido. Más tarde los muralista mexicanos como Diego Rivera y Siqueiros la retomaron.

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pintura al fresco

‘The Nativity’ (1305-1306), fresco de Giotto.

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