Arte

Georgia O’Keeffe, el pincel de la soledad

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Georgia O’Keeffe es sin duda una de las mujeres que abrieron el campo de la pintura para las futuras generaciones de artistas que, como ella, deseaban expresarse a través del lienzo. La matriarca de la pintura modernista americana, O’Keeffe se distingue por trabajar la naturaleza a través de abstracciones o figuraciones sencillas.

Inició su carrera como acuarelista, y se formó como artista visual hasta que decidió poner un alto temporal a su carrera ya que “no se podía distinguir como artista debido a la tradición mimética a la cual su entrenamiento artístico la había sometido”. Afortunadamente fue gracias a Arthur Wesley Dow donde O’Keeffe encontró los medios para expresarse a través de la línea, el color y el volumen.

Georgia O'Keeffe, el pincel de la soledad

Fotografía de Alfred Stieglitz

La fama para O’Keeffe llegó en 1915 cuando Anita Pollitzer mostró al fotógrafo Alfred Stieglitz el trabajo de su amiga. Según las fuentes, Stieglitz comentó que los dibujos de Georgia eran “los más puros, finos y sinceros que en algún momento ingresaron en Galería 291”. A partir de este momento tanto Stieglitz como O’Keeffe crearon una relación que duraría toda la vida; a través de fotografías, correspondencias y un amor completamente libre -O’Keeffe y Stieglitz vivieron separados casi la gran parte de su matrimonio-.

En 1920 Georgia comenzó a pintar sus famosas abstracciones orgánicas, que parecieran ser una especie de close up de la naturaleza. Sin embargo, su trabajo sobre flores se prestó a interpretaciones Freudianas que la acercaron al feminismo y en palabras de esta corriente “sus representaciones florales eran un intento por representar la genitalia femenina”, argumento que Georgia declinó fervientemente.

Georgia O'Keeffe, el pincel de la soledad

Georgia O’Keeffe “Ram’s Head”

La historia de soledad de la pintora inicia en 1932, tras un ataque de nervios al no poder completar un mural en Radio City Music Hall. Su búsqueda por la paz la hizo viajar al desierto de Nuevo México en 1934 (lugar que ya conocía gracias a Stieglitz) para asentarse en Ghost Ranch. Para describir su pacífica vida O’Keeffe escribió “Pareciera ser que las colinas están pintadas, hasta que uno intenta pintarlas”.

O’Keeffe solía manejar todos los días en su  Ford Modelo A, para explorar estas colinas y los paisajes desérticos de Nuevo México y pintarlos. Sobre esta época la artista expresaba: “Cuanta belleza, sin ser manchada, sin ser tocada, en un lugar tan fino que llamo el “Más allá”. Un lugar que he pintado antes y que incluso ahora debo pintar de nuevo”

Georgia también solía pintar un grupo de lugares cerca de su rancho a los que llamaba “White place” “Black place”, por sus “colinas grises con arena blanca a sus pies que semejaban un montón de elefantes”.

Georgia O'Keeffe, el pincel de la soledad

Una fotografía del “White Place”, uno de los lugares que Georgia solía frecuentar en soledad.

Georgia fue la primera mujer en tener una retrospectiva en el MoMA y en 1970 en el Whitney Museum of American Art. A su muerte, fue cremada y sus cenizas se esparcieron al viento en lo que llamaba su “amado más allá”.

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