Arte

¿Es Maurizio Cattelan el nuevo Marcel Duchamp?

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Siempre he dicho que por más que uno se resista al sistema, éste, eventualmente, te doblegará hasta que finalmente accedas –de manera voluntaria o a la fuerza– a formar parte suya.

A pesar de que los artistas contemporáneos critican el mercado del arte, más tarde que temprano, serán devorados por éste. De tal manera, por más que sus obras sean una crítica directa al ecosistema del arte integrado por las galerías, los museos, las ferias, las bienales, etcétera, resulta prácticamente imposible que se mantengan al margen de dicho sistema.

Maurizio Cattelan, America, 2016, at the Solomon R. Guggenheim Museum, New York. Cortesía de Marian Goodman Gallery. Foto: Kris McKay © Solomon R. Guggenheim Foundation

Maurizio Cattelan, America, 2016, at the Solomon R. Guggenheim Museum, New York. Cortesía de Marian Goodman Gallery. Foto: Kris McKay © Solomon R. Guggenheim Foundation

¿No tiene caso preguntarse si un retrete bañado en 18 quilates de oro puede ser considerado una obra de arte? El simple hecho de que el Museo Guggenheim de Nueva York lo haya instalado en uno de sus baños quiere decir que es catalogado como una obra de arte.

Evidentemente, esta no es la primera ocasión que el artista italiano nos sorprende con un gesto irónicamente crítico con el medio del arte. No obstante, esta es posiblemente la obra que marcará un parteaguas en el arte contemporáneo al igual que lo hizo Marcel Duchamp –el próximo año hará un centenario– cuando presentó ante la academia La fuente (1917), un urinario blanco de porcelana con su firma.

Marcel Duchamp, La fuente (1917).

Marcel Duchamp, La fuente (1917).

La única diferencia es que el retrete de oro no sólo está expuesto para ser apreciado, sino también para ser intervenido por el público. De hecho, es reemplazo de una taza tradicional en el baño del quinto piso del museo, y puede ser utilizado por cualquiera que así lo desee.

Fue tal el morbo que despertó esta obra intencionalmente titulada América que decidieron poner a un guardia para supervisarla. A tan sólo unos días de haber inaugurado la pieza, había docenas de personas esperando durante horas para finalmente entrar al inodoro que era limpiado cuidadosamente por el personal de intendencia con toallas húmedas.

Muchos se preguntarán: ¿qué sentido tiene haber esperado tantas horas para emplear un retrete bañado en oro? Este acto no sólo evidencia hasta qué punto está dispuesto a llegar el arte contemporáneo. A ratos, pareciera haberse convertido en una especie de nueva secta religiosa que atrae miles de seguidores dispuestos a hacer cualquier cosa por amor al arte.

No es una coincidencia que el artista haya escogido el Museo Guggenheim, caracterizado por albergar la colección más importante del arte norteamericano, para presentar su última obra cuando fue en esta institución –la cual le dedicó una retrospectiva en 2011– en donde se despidió definitivamente del medio después de haberse declarado cansado de un arte dopado de dinero.

Retrospectiva de Maurizio Cattelan en el Museo Guggenheim (2011)

Retrospectiva de Maurizio Cattelan en el Museo Guggenheim (2011)

Independientemente de que la intención provocativa de Maurizio Cattelan, quien será recordado como el Duchamp de nuestros tiempos tras haber nombrado un retrete América, se pueda interpretar como una crítica, la nación norteamericana –que se encuentra en plena contienda electoral– ha fracasado con su prometedor estilo de vida (The American Way of Life) que ha exportado al resto del mundo, las implicaciones del capitalismo salvaje de Wall Street, así como su mercado del arte que ha tergiversado el verdadero propósito de esta disciplina.

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