Arte

Dromsjel, una experiencia sensorial inspirada en Nietzsche

Si pudiéramos descifrar la complejidad de la mente humana, entenderíamos su comportamiento ante diversas situaciones: mentir y aprovecharse del más débil es parte de su evolución y tejido social que casualmente se manifiesta en muchas partes del mundo. Nombremos a eso ‘supervivencia’, en esta vida en la que se persiguen pedazos de piedras doradas.

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Es así como Pierre Schmidt, conocido como Dromsjel, muestra en cada pieza rostros desconcertantes y descompuestos cuestionando la individualidad y la existencia de las personas; recreando, con formas orgánicas, una metáfora acerca del alma de cada una; plasmando, en forma visual, una paradoja; y exponiendo la verdadera apariencia de cada ser a pesar de que éste quiera proyectar lo contrario.

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Muchos describen la obra de Dromsjel como una visión surrealista, ya que podríamos apostar a que ninguna persona podría lucir tan aterradora a simple vista. Sin embargo, es el alma, la falta de luz y la doble moral lo que hace que se imagine como cualquiera de las imágenes del artista.

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Inspirado en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, cada ejemplar es una experiencia sensorial con simbolismos psicológicos y las más complejas emociones. Al manipular imágenes antiguas, transforma cada pieza en un mundo con un significado personal e inclinado hacia el expresionismo alemán.

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Para Dromsjel es importante entender su obra desde la lógica del filósofo ya mencionado, quién realizó una crítica exhaustiva de la cultura, la religión y la filosofía Occidental, integrando en su análisis las actitudes morales positivas y negativas hacia la vida.

La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra él; acaso sea en esto en lo que más extraño suene nuestro nuevo lenguaje. La cuestión está en saber hasta qué punto ese juicio favorece la vida, conserva la vida, conserva la especie, quizá incluso selecciona la especie; y nosotros estarnos inclinados por principio a afirmar que los juicios más falsos (de ellos forman parte los juicios sintéticos a priori) son los más imprescindibles para nosotros, que el hombre no podría vivir si no admitiese las ficciones lógicas, si no midiese la realidad con el metro del mundo puramente inventado de lo incondicionado, idéntico-a-sí-mismo, si no falsease permanentemente el mundo mediante el número, – que renunciar a los juicios falsos sería renunciar a la vida, negar la vida. Admitir que la no-verdad es condición de la vida: esto significa, desde luego, enfrentarse de modo peligroso a los sentimientos de valor habituales; y una filosofía que osa hacer esto se coloca, ya sólo con ello, más allá del bien y del mal.

Más allá del bien y del mal, Friedrich Nietzsche

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